Las colonias en vísperas de la independencia - Los precedentes de la independencia - La lucha por la independencia - Consecuencias de la independencia

Al comenzar el siglo XIX, el imperio colonial de España en América lo componían una serie de entidades administrativas con unas dimensiones territoriales inmensas. El amplio espacio geográfico que iba desde México a la Patagonia, excluyendo Brasil, se dividía en cuatro virreinatos: Nueva España, Perú, Nueva Granada y Río de la Plata, además de cuatro capitanías generales: la de Guatemala, Venezuela, Chile y La Habana.

La emancipación de estos  territorios americanos se desarrolla en líneas generales entre 1808 y 1825. Estas fechas coinciden con los años en que Europa se ve también convulsionada por una serie de acontecimientos como los últimos años del imperio napoleónico, el intento de las potencias, a partir de 1815, de restaurar el orden europeo anterior a la Revolución de Francia, y los primeros estallidos revolucionarios de corte liberal y nacionalista de los años 20 del siglo XIX.

Durante la Alta Edad Contemporánea se pueden considerar dos ciclos revolucionarios en el mundo occidental. Un primer ciclo, que engloba la independencia de las trece colonias británicas de Norteamérica y la Revolución Francesa de 1789; y un segundo ciclo, en el que se incluirían la independencia de las colonias iberoamericanas y las revoluciones liberales europeas de 1820, 1830 y 1848.

Se ha debatido mucho, sobre la naturaleza de los procesos revolucionarios e independentistas, que se inician a finales del siglo XVIII y que afectan de manera directa o indirecta a América y Europa.

La naturaleza del proceso emancipador americano, que durante mucho tiempo la historiografía ha intentado explicar en clave maniquea,  presenta una gran complejidad. Unos han dicho que se trataría de la revolución liberal llevada a Hispanoamérica como consecuencia de la proliferación de las nuevas ideas progresistas. Para otros, se trataría de una reacción tradicional en defensa del usurpado Fernando VII, frente a las reformas ilustradas, racionalistas y afrancesadas, del usurpador José Bonaparte.

Hay quienes defienden el peso de lo ideológico en el proceso, mientras que otros han considerado insignificante su influencia. Los partidarios del populismo se opusieron a los que consideraban que el fenómeno emancipador fue el resultado de la decisión unilateral de minorías, que verían así cumplidas sus aspiraciones de protagonismo político, frente a los funcionarios de la metrópoli.

Ante tales discrepancias, que la historiografía  de los últimos años ha ido matizando con menos apasionamiento[1], es un hecho que el proceso emancipador Hispanoamericano permitió la formación de una serie de repúblicas organizadas políticamente según el modelo del Nuevo Régimen.

En rigor, la emancipación produce el paso de una unidad colonial  administrativa, económica, social, política y cultural -aun dentro de radicales diversidades-, a una diversidad de tipo nacional, en la que, sin embargo, existen importantes fuentes cohesivas.

En cualquier caso, la emancipación supuso un alto coste tanto para la metrópoli como para las nacientes repúblicas; para aquélla, porque supuso, entre otras cosas, perder buena parte de su prestigio internacional, y causa importante de su hundimiento económico; para éstas, porque condujo a una fragmentación insoluble y les dejó planteados graves problemas políticos para su posterior andadura como naciones independientes.

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La sociedad - La economía - Las ideas

La sociedad                    Volver

La política española de considerar los territorios del inmenso continente americano como prolongación de la metrópoli, con la división administrativa de reinos y provincias ultramarinas, reproduciendo en su mentalidad, instituciones, cultura y costumbres, por fuerza tenía que conducir a una madurez y a un desarrollo, que en el siglo XVIII era evidente, reflejándose en el esplendor de las principales ciudades. La prosperidad, estabilidad y orden de los territorios americanos, podía hacer pensar que eran razones poderosas para no temer ninguna crisis.

Si España se hubiera limitado a una explotación económica del territorio, aislando a la población indígena y renovando continuamente la española, acaso el dominio político se hubiera prolongado más tiempo. Pero la emigración continua y el mestizaje dieron lugar al desarrollo de una sociedad compleja.

La sociedad aparecía rígidamente estratificada. En los territorios de los virreinatos más antiguos aparecía una gran población de color, indios, negros o mestizos, con un nivel económico bajo. La gente distinguida, era relativamente minoritaria, y casi todos eran blancos o casi blancos. Unas pocas familias mestizas distinguidas mantenían su relevancia social  en Nueva España y en el Perú. Este grupo social comprendía los altos funcionarios, eclesiásticos, abogados, médicos, grandes propietarios, comerciantes y en algunos lugares unos cuantos maestros artesanos prósperos.

Por otra parte, entre la minoría blanca existía una diferenciación,  más de hecho que de derecho, la que se daba entre los españoles de América, los criollos, y los españoles peninsulares, "gachupines" o "chapetones", en su mayoría funcionarios o eclesiásticos, que desempeñaban en las Indias cerca del 80 % de los altos puestos de gobierno.

Dando algunas cifras podemos decir que hacia 1800, la América  Hispana tenía unos 17 millones de habitantes, de los que apenas 4 eran de raza blanca, de ellos, entre 150.000 y 200.000 eran españoles peninsulares, el resto eran criollos de varias o muchas generaciones.

Otro de los rasgos propios de la sociedad hispanoamericana era el mestizaje. La escasez de prejuicios raciales de los españoles, había dado lugar a una complicadísima mezcla. Mestizos, descendientes de español e indio, mulatos, cuando eran de español y negro, zambos, pardos cuarterones, etc. Este hecho venia a superponerse y a complicar la estratificación de la sociedad colonial.

En relación con la emancipación, el principal protagonista del proceso será la minoría  criolla. Y esto por dos razones. De una parte, los criollos enriquecidos por el comercio y la propiedad territorial, y formados intelectualmente en principios ilustrados y liberales, aspiraban al usufructo del poder, desde el que proceder a las necesarias reformas del aparato administrativo y al desarrollo de la vida económica, haciendo desaparecer los monopolios de la metrópoli.

Su enfrentamiento con la Administración peninsular se basaba en el rechazo tanto de la política reformista de los Borbones, que acentuó las cargas fiscales y la centralización, como de la política  proteccionista en favor de los indígenas frente a las exacciones de los criollos.

Por último, sus aspiraciones al desempeño de cargos en la administración quedaban reducidas a la administración local, sobre todo en los Cabildos y en menor medida en las Audiencias, y en las milicias populares. Esto explicará que el enfrentamiento entre los Cabildos y las Intendencias fuese uno de los motores más activos del movimiento emancipador.

La cúspide de la minoría criolla estaba formada por  los patricios, que se consideraban los herederos de los conquistadores y ejercían una gran influencia en el contexto social. En las ciudades formaban oligarquías cerradas y controlaban la mayoría de las actividades del gobierno local. Profesaban una lealtad tradicional al lejano rey y trataban con deferencia a los virreyes, pero al resto de los funcionarios peninsulares los miraban con desprecio. Los roces eran especialmente agudos entre el ejército y la milicia provincial.

La participación del resto de los grupos sociales en el movimiento emancipador fue  prácticamente nulo, quizá algunos grupos de mestizos, pero más por su dependencia social y económica de los criollos que por un convencimiento de la necesidad de la emancipación. A los indios les resulta incomprensible el significado y las ideas que impulsarán la Independencia. También quedarán al margen los negros, en su mayoría esclavos y sin ninguna consistencia social. Solo el caso de México constituye una excepción. Aquí se alzan gentes del pueblo, mestizos, y hasta indios, y también excepcionalmente se registran hechos de masas. Lo que resulta difícil es pensar que estas masas, que daban vivas a Fernando VII y a la Virgen de Guadalupe, supieran lo que era la emancipación respecto de España.

La base social de la Emancipación estuvo, por tanto, en la lucha de dos burguesías enriquecidas, la criolla y la peninsular, pero con intereses contrapuestos. Esta rivalidad unida a un creciente sentido patriótico, preparó las bases ideológicas de la ruptura.

La economía                     Volver

Durante el siglo XVIII,  las colonias españolas seguían obligadas a comerciar sólo con la Metrópoli (España), a través del monopolio que ejercía la Casa de Contratación. Monopolio que desapareció de hecho a partir de 1778 en virtud de la pragmática de Carlos III que establecía el libre comercio entre América y España, que determinó el rápido enriquecimiento de muchos comerciantes criollos. Riqueza que en parte serviría para financiar el movimiento independentista.

Sin embargo, América quedaba excluida del acceso directo a los mercados internacionales. En 1797, los terratenientes y comerciantes criollos pedían mayor libertad de comercio con los extranjeros y rechazaban el monopolio de la metrópoli.

En este contexto se entiende el apoyo de Estados Unidos y Gran Bretaña a la empresa independentista, por su interés en desplazar a España y sustituirla en el control político y económico del espacio americano.

La rivalidad económica entre los criollos y los peninsulares fue otro factor poderoso en el desarrollo de un sentimiento de rechazo hacia la metrópoli. Sin embargo, la rivalidad principal más evidente no era tanto entre la colonia y la metrópoli como entre poderosos grupos de hombres de clase media, los grupos criollos de Lima y México y el grupo peninsular de Sevilla. Se peleaban continuamente, no sólo para aventajar al otro en los tratos comerciales, sino para asegurar los favores legislativos de la Corona. El grupo español procuraba fortalecer el monopolio legal de Sevilla, los criollos se esforzaban por debilitarlo mientras retenían sus ventajas locales.

Por su parte los criollos se dieron cuenta que el único medio eficaz para lograr un desarrollo económico autónomo consistía en usurpar el poder político de los funcionarios españoles. A esa actitud respondieron las sociedades económicas de amigos del país, los consulados de comercio y los cabildos.

Las ideas                    Volver

La caracterización histórica de este periodo es el resultado de un largo proceso previo de formación ambiental sobre dos supuestos básicos. En primer lugar la formación interna de una conciencia emancipadora y, en segundo lugar, la coincidencia con el ciclo revolucionario general  que arranca con la Independencia de  las colonias británicas de norteamérica, y sigue con la revolución en Francia, en donde algunos líderes independentistas, como Miranda, habían participado directamente.

Es evidente la vinculación de los movimientos independentistas iberoamericanos con las ideas y pensamientos ilustrados nacidos en Europa durante el siglo XVIII. En la realización práctica de aquellos principios sirvió de pauta el ejemplo de la emancipación de las colonias británicas de Norteamérica que acababan de conquistar su independencia.

En la América española y portuguesa las "luces" habían penetrado a pesar de los controles de la corona. La burguesía y la nobleza criolla leían las obras de los filósofos franceses. No solo eran bien conocidos Diderot y Franklin, sino también Rousseau y Raynal.

En 1793 Nariño publicó en Bogotá una traducción de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, de la que se publicaron varios centenares de ejemplares y que despertó la curiosidad de los criollos que eran casi los únicos que sabían leer, aunque provocó la reacción inmediata de las autoridades. El 1 de noviembre de 1794, el capitán general de Caracas ordenó el embargo del mismo, Nariño fue arrestado junto con una docena de amigos y dos médicos franceses. Condenado fue deportado a España, pasando después a Francia e Inglaterra, donde se convertiría en uno de los defensores de la emancipación.

En Quito, el médico Santa Cruz Espejo, uno de los pocos indios que habían logrado cursar estudios superiores, fue arrestado y encarcelado en 1792. En la cárcel coincidió con Nariño. Al salir de la cárcel volvió a Quito donde fundó un periódico y una especie de club, la Escuela de la Concordia, donde se podían leer obras llegadas de Francia o de Estados Unidos. En 1795 elaboró un plan de liberación de las colonias americanas, lo cual le costó un nuevo encarcelamiento, durante el cual murió.

En México, el cura Miguel Hidalgo leía con avidez las noticias de Francia. Otros criollos que habían viajado a Europa y participaron en la Revolución soñaban con la emancipación; así el argentino Belgrano que se encontraba en España en 1789,y, sobre todo, el venezolano Miranda, que sirvió en la Marina francesa y asistió a las primeras victorias francesas de 1792. A partir de 1797 se instaló en Inglaterra donde preparó activamente el levantamiento de las colonias españolas de América, con la ayuda del gobierno británico.

En los puertos de la costa atlántica, desde Veracruz a Buenos Aires, las diversas logias masónicas conocieron un gran auge[2] convirtiéndose en focos de difusión de la ideología librepensadora e ilustrada. Bien es verdad que su influjo se limitaba a la minoría intelectual de la sociedad criolla, pero el peso social de este grupo era muy fuerte y su influencia fue decisiva en el proceso emancipador. Sus miembros eran en su mayoría funcionarios de inclinación liberal y un pequeño número de comerciantes y propietarios con pretensiones intelectuales, incluían tanto a criollos como a españoles peninsulares.

Destacaría por su intensa actividad la Gran Logia Americana, fundada por Miranda[3] en Londres en 1797, por donde pasaron muchos de los dirigentes de la emancipación. También ejerció una gran influencia la logia Lautaró, que algunos sitúan en Cádiz, en la que habrían recibido las ideas revolucionarias y liberales los principales caudillos de la Independencia.

También tuvieron cierta importancia, sobre todo en Venezuela y Río de La Plata, los clubes jacobinos, destacando el que dirigía en Caracas Simón Carreño, un decidido roussoniano, y maestro de Bolívar.

Las Sociedades Económicas de Amigos del País iban fomentando la idea de que las propuestas de los enciclopedistas, tanto en España como en América, eran, con ciertas limitaciones, respetables. Estas instituciones, que en principio tenían una finalidad práctica: mejora de la agricultura, de la educación popular y de los problemas económicos y sociales, se convirtieron en vehículos de transmisión de las ideas liberales, a través de sus excelentes bibliotecas, en las que no faltaban los tomos de la Enciclopedia, a la que todas estaban suscritas.

Por último referir el papel difusor de las ideas ilustradas y liberales de los periódicos, que a finales del siglo XVIII habían adquirido un enorme auge en todos los virreinatos Un factor de antiespañolismo fue la difusión de la leyenda negra, muy bien aceptada entre los intelectuales americanos del siglo XVIII, especialmente la obra de Robertson, que presentaba a los peninsulares como crueles opresores, egoístas explotadores del Nuevo Continente, fanáticos, oscurantistas y destructores de las viejas culturas indígenas. Este sentimiento o prejuicio antiespañol contribuyó, al contrario de lo ocurrido entre Estados Unidos y Gran Bretaña, a mantener durante muchos años el apartamiento y hasta el odio a la madre patria, simbolizado incluso en la letra de alguno de los nuevos himnos nacionales.

Los precedentes de la independencia                  Volver

La revuelta de los Comuneros - Francisco Miranda - Los conflictos napoleónicos

Es cierto que los numerosos motines que se registran en los territorios americanos, como rechazo a la política fiscal de los Borbones durante el siglo XVIII fueron creando un sentimiento colectivo, al menos entre las minorías criollas, de que eran necesarias reformas y que éstas serían definitivas si eran ellos los propios protagonistas de las mismas.

La revuelta de los Comuneros                    Volver

En este sentido podemos considerar como primer episodio significativo de la prerevolución la revuelta de los Comuneros de Socorro, en la parte nororiental del Nuevo Reino de Granada o actual Colombia. El nombre viene dado por su carácter comunal-municipal, y por haber sido su centro la ciudad de Socorro. La causa estuvo en los nuevos impuestos fijados y las formas coactivas empleadas para recaudarlos, que causaron un fuerte descontento entre los artesanos, que además de molestos por la privilegiada competencia peninsular se sentían ahogados por una presión fiscal excesiva. El resultado fue el levantamiento en 1780 de un mal armado ejército de 2000 hombres, que avanzaron sobre Bogotá y pusieron en alarma al virrey Flórez, que logró un armisticio con los sublevados gracias a la mediación del arzobispo Caballero y Góngora, en junio de 1781. Los comuneros lograron ciertos reconocimientos en sus peticiones, sin embargo, el virrey entendió que eran excesivos y rompió con lo capitulado. Se reanudaron las hostilidades y los principales cabecillas de los comuneros fueron presos, y cuatro de ellos ejecutados.

Francisco Miranda                    Volver

El segundo episodio está íntimamente unido al nombre de Francisco Miranda. Nacido en Venezuela, hijo de una familia caraqueña de ricos comerciantes. Militar, con inquietudes intelectuales, luchó en Europa, Africa y América, a favor de los españoles; en los territorios españoles de Pensacola, a favor de los norteamericanos; contra los ingleses en los ejércitos de Washington; a favor de los franceses en la invasión de Bélgica; y a favor de los ingleses en las Antillas. Finalmente luchó contra los españoles en defensa de su nueva patria, Venezuela, aunque terminó entregado por los venezolanos a los propios españoles. En 1783 huyó a los Estados Unidos, recorriendo más tarde Europa, donde fue afirmando sus ideas liberales. En 1790 decide romper con España y convertirse en firme promotor de la independencia de Hispanoamérica y especialmente de Venezuela.

Con la ayuda secreta de los ingleses que financiaron la operación, embarcó Miranda en 1805 para los Estados Unidos, donde también recibió apoyo, y preparó una expedición militar a Venezuela, con la intención de dar un golpe de mano separatista que fracasó en abril de 1806 y en un segundo intento en agosto del mismo año, pero fueron un acicate para la posterior agitación.

Los conflictos napoleónicos                    Volver

Las guerras europeas de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX aumentaron el malestar en las colonias iberoamericanas. Las regiones costeras vivían en permanente alerta. En México se temía una agresión de Gran Bretaña o de los Estados Unidos. Las milicias fueron concentradas y la población se sintió orgullosa de una fuerza que era suya. En junio de 1807, los ingleses desembarcaron en La Plata y tomaron Buenos Aires, pero se vieron obligados a capitular ante las milicias locales, mandadas por el general Liniers, militar francés al servicio de España, y una población que las apoyaba. El resultado era una toma de conciencia por parte de los criollos, que empezaban a pensar que podían defenderse sin la protección española.

La derrota de la flota española en Trafalgar en 1805 ante la escuadra británica, supuso la ruptura del control directo de la metrópoli sobre las colonias americanas. Ante esta situación los criollos americanos comenzaron a organizarse económica y militarmente, para defenderse, además, del creciente intervencionismo británico.

La invasión de España por las tropas napoleónicas en 1808 provocó una conmoción inmensa en toda Iberoamérica. Se planteó muy pronto si podría mantenerse en América una legalidad española frente al intruso francés en la metrópoli o era inevitable erigir una legalidad americana, independiente de una España  que había dejado de ser la misma. En ello tuvo especial importancia el viejo concepto patrimonial: los territorios americanos no eran de España sino del rey de España. Desaparecido éste, quedaba disuelto el pacto vinculante, y los americanos recibían, por ley natural, la plena soberanía[4].

El vacío de poder creado en la metrópoli tras la invasión francesa en 1808, trató de ser suplido por las Juntas, de ámbito local y provincial, y la Constitución en España de una Junta Central, en nombre del cautivo Fernando VII. En los territorios americanos la política de las Juntas se reprodujo a partir de los Cabildos, el rechazo a José Bonaparte fue unánime así como las manifestaciones de lealtad a Fernando VII.

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Primera etapa (1810-1816)  - Segunda etapa (1816-1820) - Tercera etapa (1820-1825)

Primera etapa (1810-1816)     

Venezuela - Colombia - Chile - Buenos Aires - México

Venezuela                     Volver

Una de las regiones que pronto tomó partido hacia la emancipación fue la Capitanía General de Caracas, a pesar de adoptar el nombre de Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII. En ella figuraban destacados miembros de la aristocracia quienes expulsaron al capitán general Emparán y se arrogaron la plena soberanía. En 1810 la Junta caraqueña puso en marcha un mecanismo para elegir un Congreso General que se reunió el 2 de marzo de 1811, y el 5 de julio declaró la independencia de las Provincias Unidas de Venezuela. A fines de año quedó promulgada una Constitución federal.

Pero la independencia tampoco quedaba asegurada por simples declaraciones; aún permanecían funcionarios y militares españoles, y grupos de mestizos comenzaron a desconfiar de los nuevos dirigentes.

Por otra parte los independentistas venezolanos comenzaron sus disidencias internas -Bolívar y Miranda no estaban de acuerdo con la nueva Constitución-, y disponían de escasas fuerzas movilizables. De este modo, pronto la guarnición española al mando de Monteverde intervino, y casi sin lucha, puso fin al primer intento serio de emancipación.

Los errores de Monteverde, con represalias innecesarias contra los criollos y su actitud contraria a los mestizos y mulatos, provocaron que la mayor parte de la burocracia española se pusiera en contra de Monteverde y diese lugar a un nuevo brote insurreccional, a comienzos de 1813.

Mariño y Bolívar organizaron un ejército y tras una serie de operaciones militares entraban triunfalmente en Caracas el 23 de agosto de 1813. Sin embargo, los españoles no estaban dispuestos a ceder fácilmente. Las violencias se generalizaron por una y otra parte.

Un nuevo factor surgió en el conflicto. Las clases modestas y los mestizos tomaron ahora decidido partido por los españoles. En los llanos del Orinoco, los llaneros, excelentes jinetes y gente intrépida, se pusieron al mando de Boves[5], para luchar contra los orgullosos mantuanos de la costa por quienes se sentían explotados. Éste derrotó a Bolívar y Mariño. El 10 de julio de 1814 entraba Boves en Valencia y el 16 lo hacía en Caracas. Los patriotas se retiraron hacia Cumaná, embarcando más tarde hacia Cartagena. Toda Venezuela quedaba dominada por los partidarios de la soberanía española.

 Colombia                    Volver

También en el virreinato de Nueva Granada, muy pronto surgieron movimientos emancipadores. La primera Junta que llegó a asumir plenos poderes fue la de Quito en 1809, que constituyó una Junta Legislativa integrada por la aristocracia criolla que no contaba con excesivo apoyo popular. El virrey de Perú, Abascal, envió tropas a Ecuador, y Quito cayó fácilmente. En 1810 hay una segunda sublevación, que en 1812 se institucionaliza promulgando la Constitución del Estado Libre de Quito. Pero la falta de fuerzas internas para sostenerse permitió de nuevo el éxito de las fuerzas del virrey Abascal.

En Nueva Granada y siguiendo el ejemplo de Quito se produjo una insurrección que se propagó por Cundinamarca, Tunja, Bogotá y Cartagena. El virrey trató de controlar la situación proclamándose presidente de la Junta, pero pronto fue expulsado, quedando desbordado por los extremistas de uno y otro bando. Mientras en  Santa Fe de Bogotá se reunía un congreso constituyente, las diversas provincias se hacían independientes unas de otras. Para solucionar esto se constituyó en 1811 un Acta de Federación de las Provincias Unidas de Nueva Granada, que nadie respetó. Los españoles dueños ya de Quito fueron controlando los altiplanos neogranadinos. En diciembre de 1812 los españoles controlaban de nuevo Bogotá.

Quedaba Cartagena, que se había declarado independiente tanto de España como de los bogotanos. Desde allí, Bolívar, derrotado en Venezuela, trató de organizar una ofensiva hacia el interior de Nueva Granada, para dominar de nuevo la zona bogotana, y lanzarse luego a la liberación de Venezuela.

En noviembre de 1814 fue nombrado Capitán General de la Federación del Estado de Colombia, y aunque obtuvo algunos éxitos, tropezó tanto con la  desunión de los patriotas como la contraofensiva de los españoles. Estos le empujaron de nuevo hacia la costa, mientras la propia Cartagena negaba la autoridad del caudillo. Bolívar descorazonado se retiraba a Jamaica.

Casi al mismo tiempo desembarcaba en Santa Marta el general español Morillo para hacerse cargo de la situación. La guerra de la independencia había terminado en España, y Fernando VII, repuesto en el trono, estaba decidido a acabar con los focos de independentismo americano. Morillo llegó acompañado de un ejército de 10.000 hombres bien instruidos, y una pequeña pero eficaz flota naval. El recién llegado, de talante liberal, combinó los hechos de armas con la negociación. Desplegó sus fuerzas por Nueva Granada y Venezuela, castigó a los independentistas contumaces y perdonó a los demás. En 1816, la lucha por la independencia en la zona Norte del continente sudamericano parecía definitivamente fracasada.

Chile                    Volver

La insurrección chilena se manifestó como en todas partes al filo de la crisis de poder en la metrópoli, y, en este caso, también por la noticias que llegaban de Buenos Aires. El Cabildo de Santiago  se constituyó en Junta con un carácter moderado y poco definido aún en cuanto a su fidelidad a España.

Poco a poco fueron definiéndose dos partidos: uno español, partidario de la metrópoli, sin excluir formas de autogobierno, y otro nacional, partidario de la emancipación aunque reconociendo la autoridad de Fernando VII. Estos últimos fueron cobrando ventaja en la política de la Junta, destacando pronto Bernardo O'Higgins.

Un grupo de españoles al mando del coronel Figueroa, se alzó contra los patriotas, pero fue derrotado y fusilado. La Junta se transformó entonces en Directorio Ejecutivo, y transfirió su autoridad en 1811 a un Congreso, formado por diputados elegidos en las distintas provincias, en el que se mantuvo un ambiente de cierta moderación y ambigüedad que se rompió con el pronunciamiento de los radicales hermanos Carrera, decididos a proclamar la total independencia de Chile.

El virrey del Perú, envió entonces al general Pareja, quien poco a poco fue conquistando territorios del norte de Chile ante la ineptitud militar de los Carrera. O'Higgins, negoció con los españoles sobre la base del reconocimiento de la autoridad de Fernando VII por los chilenos a cambio de la retirada de las tropas de Pareja a Perú. Sin embargo, un nuevo intento de Carrera frustró las negociaciones, y O'Higgins se vio obligado a hacer la guerra abierta. Derrotado por los españoles en el encuentro de Rancagua, hubo de huir. En octubre de 1814, los españoles entraban en Santiago, terminando de este modo el primer intento emancipador.

Buenos Aires                    Volver

A pesar de que en esta región el movimiento comenzó tan moderadamente como en Chile, acabaría constituyendo el eje decisivo de la emancipación americana, pues sería el único de esta etapa inicial que no fracasó, y a la larga inclinaría la balanza en favor de los independentistas.

El movimiento fue obra, sobre todo, de los propietarios y comerciantes de la costa, que ya habían tenido la experiencia de rechazar la invasión de un ejército inglés ante la huida del pusilánime virrey español.

Cuando se conoció la noticia de la invasión napoleónica en España, Liniers se rodeó de miembros de la burguesía criolla moderada entre los que se encontraba Manuel Belgrano partidario de buscar la autonomía por medios pacíficos.

Tras una serie de episodios la Junta Central española nombró nuevo virrey del Río de la Plata a Hidalgo de Cisneros, quien trató de entenderse con criollos y españolistas y limar asperezas.

Cuando en 1810 se supo que los franceses se encontraban en Andalucía y que se había disuelto la Junta Central, los bonaerenses consideraban que los vínculos con la metrópoli habían dejado de existir. Para formar una Junta de Gobierno el virrey reunió al Cabildo y constituyó una de carácter contemporizador. Pero los patriotas estaban dispuestos a la ruptura total y exigieron la formación de una Junta elegida mediante Cabildo Abierto, es decir, por elección popular. El Cabildo depuso al virrey y nombró una Junta Suprema, en nombre de la soberanía popular. Tal fue la Revolución de Mayo, que consagró la independencia de Argentina.

Sin embargo, ni Uruguay ni Paraguay estaban dispuestas a aceptar la soberanía de los platenses. De aquí que surgieran enfrentamientos civiles entre ellos, mientras, el general español Elio, vencía a los patriotas y cercaba Buenos Aires. Cuando la situación era más comprometida para los independentistas, una maniobra del embajador inglés, Stranford, logró la retirada de los españoles, permitiendo que los platenses cobraran nuevas fuerzas.

En enero de 1813 se reunió una Asamblea Constituyente, que adoptó medidas soberanas, eligió la nueva bandera nacional y acuñó monedas republicanas. Al mismo tiempo, un joven general, José de San Martín, convertía los dispersos grupos de combatientes en un verdadero y eficaz ejército que se disponía a cruzar los Andes.

México                   Volver

El caso de México, escapa al cuadro general descrito hasta aquí. Ni las intenciones, ni los acontecimientos, ni los grupos sociales protagonistas, ni las ideologías coinciden con el resto de los levantamientos de esta etapa inicial de la emancipación.

En México, el elemento indígena era muy fuerte y más consciente de su identidad,  y el mestizaje tenía una fuerza especial. La burguesía criolla presentaba un perfil mucho más débil que en el resto de los territorios americanos, superada ampliamente por una vieja aristocracia, enriquecida desde los tiempos de la conquista, dueña de enormes extensiones de terreno, y conservadora por naturaleza.

Aunque aquí también llegaron las nuevas ideas del siglo XVIII, estas adquirieron muy pronto una orientación más social que política. Esto explica que el cura de Dolores, Manuel Hidalgo y Costilla, influido por las ideas ilustradas pusiera en marcha un movimiento, que más que pedir transformaciones de tipo político, exigía mejora en las condiciones de vida de los más humildes.

En septiembre de 1810 se inicia el movimiento con el llamado "grito de Dolores", que se hizo en nombre de la Virgen de Guadalupe y del rey Fernando VII. Se exigía la libertad pero entendida como libertad personal, supresión de la esclavitud y de la dependencia de los grandes estancieros.

El enemigo era más la aristocracia criolla que el poder político español. Ello explica que al cura Hidalgo lo siguiera una multitud de unos 100.000 hombres en su mayoría indios y mestizos. Los patriotas entraron en Guadalajara donde se apoderaron de los caudales públicos y establecieron un gobierno provisional.

Tanto el poder virreinal como la sociedad criolla se opusieron al movimiento. El general Calleja con solo 6.000 hombres derrotó a la variopinta tropa en 1811. Un segundo intento protagonizado por otro cura, José María Morelos, también terminó en fracaso.

En 1814 toda la sociedad criolla y los funcionarios mexicanos reconocían la autoridad de Fernando VII, restablecido en el trono de Madrid. La revolución parecía haber fracasado definitivamente.

Segunda etapa (1816-1820)                    Volver

Hacia 1816 parecía que todos los intentos emancipadores habían sido controlados y las inmensas provincias de ultramar parecían pacificadas. Aún quedaba un foco autonomista en el Río de la Plata, pero las diferencias entre los criollos parecían condenarlo al fracaso.

Sin embargo ese mismo año, San Martín al atravesar los Andes con su ejército dio al movimiento unas dimensiones insospechadas. Entre tanto, Bolívar, con la ayuda de Inglaterra y Estados Unidos, había vuelto a desembarcar en Venezuela, obligando a Morillo a ponerse a la defensiva.

No puede decirse que este segundo impulso de la emancipación sea obra exclusiva de los dos grandes libertadores, pero es ahora cuando su figura adquiere su máxima grandeza. En enero de 1817, San Martín hizo pasar a sus tropas, por diferentes desfiladeros andinos, cuando los españoles se dieron cuenta, todo el ejército del libertador convergía hacia Chacabuco, cerca de Santiago de Chile, donde obtuvo una importante victoria el 12 de febrero de 1817. Una vez en la capital de Chile los americanos proclamaban la independencia de Chile un año después, el 12 de febrero de 1818, quedando O'Higgins al mando supremo de la nueva república. Este soñaba con una república democrática e igualitaria pero tropezaba con la resistencia de los grandes terratenientes. Cuatro constituciones hicieron falta en Chile para que el régimen quedara asentado con un mínimo de coherencia.

Entretanto, en el Caribe, Bolívar había decidido pasar de nuevo a la acción. Con ayuda de los ingleses efectuó su primer intento de invasión en julio de 1816, que resultó un completo fracaso. El último día del año 1816, desembarcó en Barcelona (Venezuela) desde donde se dirigió hacia la Guayana y desde aquí hacia los llanos del Orinoco. En la segunda mitad de 1817 dominó Angostura, punto clave entre la Venezuela interior y el litoral. En febrero de 1819 reunió el Congreso de Angostura donde presentó un proyecto de Constitución, que era socialmente igualitaria y políticamente autoritaria. Articulaba el poder en un Presidente con plenos poderes y un Senado hereditario, que mantendría la hegemonía de las viejas familias mantuanas. Sin embargo el texto constitucional fue ampliamente recortado en contra del criterio de Bolívar.

Sin embargo Morillo y las tropas españolas impedían cualquier progreso hacia la costa. Entonces Bolívar ideó una maniobra  para alcanzar Nueva Granada por la espalda y sorprenderla desguarnecida, y desde allí lanzarse por la costa sobre Venezuela. El 7 de agosto  de 1819, Bolívar derrotó en Boyacá a las tropas españolas. El virrey Sámano huyó de Bogotá, donde el libertador entró a los pocos días.

Los accesos a la costa por el valle del Magdalena estaban aún controlados por los españoles, así como Cartagena y Santa Marta. Extenderse hacia Maracaibo se presentaba como una empresa superior a las fuerzas de Bolívar. Éste dejó a Francisco Santander al mando de Bogotá y regresó a la cuenca del Orinoco. El 17 de diciembre de 1819, el Congreso de Angostura votó por aclamación la unión de Nueva Granada y Venezuela en la gran República de Colombia.

La situación militar vino a cambiar radicalmente con la revolución liberal que se produjo en la península en 1820. El nuevo gobierno dio a Morillo la orden de negociar con los americanos. Sin embargo, una sublevación en Maracaibo dio a Bolívar la oportunidad de lanzar la ofensiva final. En abril de 1821, rompió las defensas de unos españoles desmoralizados por la política de la metrópoli, y el 24 de junio en la batalla de Carabobo derrotó a los españoles y le permitió la conquista de Caracas  y de toda la costa. La Gran Colombia parecía ya una realidad definida.

Tercera etapa (1820-1825)                   Volver

Hacia 1820, Perú estaba cercada por el norte y por el sur por los ejércitos independentistas. En México la misma aristocracia criolla que había aplastado las intentonas de Hidalgo y Morelos, se sublevaba contra el nuevo régimen liberal español. Al cabo de seis años, caían los últimos baluartes fieles a la metrópoli en el continente americano: los Vierreinatos de Perú y México.

La noticia de los sucesos españoles de 1820, se recibió en México con desconcierto. El virrey Ruiz de Apodaca hizo proclamar la Constitución liberal española en mayo de 1820. Pronto empezaron a llegar ordenes del gobierno de Madrid que contrariaban a los que hasta entonces habían apoyado el poder español, especialmente las leyes anticlericales, la abolición de los mayorazgos y la supresión de los fueros. La insurrección mexicana será la respuesta del tradicionalismo y del conservadurismo criollo a las reformas liberales impuestas desde España.

En febrero de 1821, un acérrimo partidario de Fernando VII, el general Itúrbide, proclamó una monarquía independiente en Nueva España, y se convocó un congreso para elaborar una Constitución. El 19 de mayo Itúrbide fue proclamado emperador. Los errores cometidos por Itúrbide provocaron la sublevación de un militar criollo, el general Santa Ana, a finales de 1822. Itúrbide hubo de abdicar en marzo de 1823.

La confusión sobre el camino a seguir y las diferencias ideológicas entre los mexicanos detuvieron el proceso emancipador. Finalmente un congreso constituyente elaboró una nueva Constitución en octubre de 1824. México se constituía sobre la base de diecinueve estados, se concedían libertades sin renunciar a la autoridad, se mantenía el dominio de la oligarquía criolla, con ciertas concesiones a la igualdad de derechos, se protegía la Iglesia y se respetaba la tradición. No hubo reacción antiespañolista y un liberal moderado, Lucas Alamán fue elegido primer presidente de México.

Los ecos de la emancipación de Nueva España se extendieron a la Capitanía General de Guatemala, donde el 15 de septiembre de 1821, se firmó el acta de independencia. Siguió un breve periodo de incorporación a México, que concluyó en junio de 1823. En esa fecha las provincias de la Capitanía General de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica decidieron que eran libres de España y de México, constituyéndose en Estado independiente bajo el nombre de Provincias Unidas del Centro de América.

El acto final de la emancipación americana fue el asalto a Perú. El viejo virreinato fue el que menos ansias independentistas mostró a lo largo del proceso. Además la posibilidad de caer en la órbita de Buenos Aires hacía que muchos peruanos prefirieran depender de la administración española que de la argentina. Esto explica que la liberación del Perú, dirigida desde Chile por San Martín encontrara con tan poca ayuda.

En febrero de 1819, Chile y Argentina se pusieron de acuerdo para realizar la campaña de Perú. San Martín planteó la operación mediante una hábil política que alternaba la actuación militar, aunque evitando el enfrentamiento directo con los españoles, y la negociación, sobre todo pensando en ganarse a los criollos peruanos, para que fuesen ellos mismos los que proclamasen la independencia.

En 1821 el nuevo virrey La Serna decidió negociar con San Martín. Este admitía una vinculación de la dinastía española, mediante la entronización en América de varios príncipes de la casa de Borbón, pero en entidades nacionales independientes. Al no llegar a un acuerdo se rompieron las negociaciones. La Serna tuvo que evacuar Lima el 6 de julio de 1821, y el mismo mes un Cabildo Abierto de la capital peruana declaraba la independencia.

Mientras tanto, en 1820, la ciudad de Guayaquil (Ecuador) se había sublevado y declarado independiente. Las tropas españolas del virreinato del Perú contraatacaron y el intento fracasó. Sin embargo, Bolívar dueño ya de la Gran Colombia se decidió a intervenir en la zona, invadiendo el virreinato peruano por el norte. Entre 1821 y 1822 tuvo lugar la liberación de lo que hoy es el Ecuador. La victoria de Pichincha, en 1822, permitió poco después la liberación de Quito y Guayaquil. Las fuerzas de San Martín y Bolívar se ponían así en contacto.

Bolívar continuó la campaña para lograr la independencia de los territorios del antiguo virreinato de Perú, que aún permanecían bajo dominio español. Estos últimos habían reconquistado Lima en junio de 1823. El gobierno criollo refugiado en El Callao entró en crisis, Bolívar nombró nuevo jefe de gobierno a su lugarteniente Sucre y él fue nombrado "Dictador". En agosto de 1824 Bolívar planteó batalla a los españoles y tras una serie de victorias, en diciembre liberó Lima. El 8 de ese mismo mes se planteó la batalla definitiva en Ayacucho, en la que las tropas españolas fueron definitivamente derrotadas. La batalla de Ayacucho se convirtió en el símbolo del fin del imperio español en América.

En 1825 se proclamó la república de Bolivia, tomando su nombre del libertador, que elevó a Sucre a la presidencia. A partir de este momento, las diferencias entre los nuevos territorios independientes iniciarían una larga etapa de consolidación que estudiaremos más adelante.

Consecuencias de la independencia                     Volver

En julio de 1822 se celebraron entrevistas entre San Martín y Bolívar con el objetivo de establecer criterios comunes que permitieran la consolidación de los procesos emancipadores. Sin embargo, desde el primer momento se pusieron de manifiesto las profundas diferencias entre los modelos que cada uno defendía como el más adecuado para la nueva realidad americana.

Bolívar soñaba con la Gran Colombia, entidad que debería abarcar todo el espacio americano, gobernada por una Constitución única de carácter republicano aunque con un poder fuerte.

San Martín, menos ambiciosos, veía la necesidad de articular las antiguas provincias de ultramar en varias naciones independientes, y no rechazaba la forma monárquica al considerar que se correspondía mejor que una república democrática a las condiciones sociales y culturales de Hispanoamérica. Cada Estado podía estar regido por un príncipe de la rama borbónica, independiente uno de otro, pero vinculados todos por un pacto de familia.

Como ocurre con todo gran fenómeno histórico, la emancipación presenta aspectos positivos y aspectos negativos. Entre los primeros señalaremos uno de dimensiones universales. Concluido después de tres siglos el ciclo de transculturación, a través del cual España trasplantó al otro lado del Atlántico su fe religiosa, su lengua y su cultura, sus instituciones y una parte considerable de su potencial demográfico, llegan a la madurez e irrumpen en la historia nuevas naciones que hoy constituyen, en su conjunto, una de las grandes fuerzas universales del futuro: Iberoamérica.

En cuanto a los aspectos negativos señalemos tres, motivados por las circunstancias históricas concretas en que la emancipación  tuvo lugar. Primero, la forma violenta, cruenta, determinante de formidables e innecesarios sufrimientos colectivos en que fue llevada a cabo, al menos hasta 1820.

Segundo, la tendencia a la disgregación que va a prevalecer en el mundo hispanoamericano una vez lograda la independencia. Los antiguos virreinatos no sólo van a servir de asiento a otras tantas repúblicas independientes entre sí, sino que incluso del tronco de cada uno de aquellos van a desgajarse determinadas regiones periféricas, constituyendo otras tantas repúblicas soberanas. Así ocurrirá con Uruguay, con Paraguay y con el Alto Perú, segregados, este último como Bolivia, del antiguo virreinato del Río de la Plata. Con Chile separado del Perú. Con el Virreinato de Nueva Granada fragmentado en tres repúblicas independientes desde 1831. Con la atomización de América Central. Esta fragmentación tendría consecuencias incalculables frente a la gran potencia norteamericana, que consolidará su cohesión tras la crisis de la guerra de Secesión.

Por último asistimos en las jóvenes repúblicas americanas, inmediatamente después de la emancipación, a una lucha por el poder bajo la forma de pronunciamientos militares, que dará origen al caudillismo y que conferirá uno de los rasgos más característicos de la historia contemporánea de Iberoamérica, una inestabilidad política y constitucional casi crónica. Inestabilidad interna y desunión frente al exterior, he aquí  la doble raíz de la debilidad que va a manifestar el mundo iberoamericano durante la Edad Contemporánea.


 

[1] Un ejemplo: las sublevaciones ocurridas en la segunda mitad del siglo XVIII frente al reformismo de Carlos III, así como la famosa carta dirigida a Miranda, el 24 de febrero de 1782, por los miembros más importantes del criollismo caraqueño, pidiéndole ayuda para sacudirse el dominio español, se han considerado como antecedentes del movimiento emancipador y como prueba del ansia de independencia. Sin embargo, lo primero fue una simple reacción contra el incremento de la presión fiscal y la segunda una falsedad del propio Miranda con el objeto de presentarse en Londres como el depositario de las ansias emancipadoras de la sociedad mantuana.

[2] CHEVALIER, François. América Latina, de la Independencia a nuestros días. Ed. Labor. Barcelona, 1979, p.8.

[3] Otros autores aseguran que fue fundada por San Martín. Cfr. J.L.Comellas, De las Revoluciones al Liberalismo. Ed. Eunsa. Pamplona, 1982, p.353.

[4] GIMENEZ FERNANDEZ, M. Las Doctrinas populistas en la independencia de Hispanoamérica Sevilla, 1967.

[5] José Tomás Boves había llegado a Venezuela desde Asturias. Se estableció como pequeño comerciante. Cuando se le exigió que se presentara como "voluntario" en las filas patriotas, Boves se negó y fue encarcelado, quemada su tienda y confiscados todos sus bienes. Logró huir de prisión y se lanzó a una acción implacable contra Bolívar.