Génesis colonial - Estructura social y económica - Causas de la Independencia - La lucha por la independencia - La formación de los Estados Unidos

La emancipación de las trece colonias británicas de Norteamérica, se considera la primera revolución de la Edad Contemporánea. Fue un proceso complejo, en el que se manifiesta por vez primera, de modo eficaz, el derecho del pueblo a rechazar la legítima autoridad, por considerar que no cumple sus fines propios.

El desarrollo económico, social y político general de Europa, de la que las colonias británicas se consideran un fragmento, y en particular de Gran Bretaña durante el siglo XVIII, permitieron un importante desarrollo social y económico y una creciente prosperidad.

La consiguiente madurez como cuerpo social, despertó en los colonos británicos el deseo de emancipación. No fue el último acto desesperado de resistencia de unos colonos explotados, sino el primer acto de defensa de las posibilidades de desarrollo de una nueva economía autónoma y nacional.

La independencia y el nacimiento de los Estados Unidos de Norteamérica será la consecuencia de la lucha de emigrantes europeos, en su mayoría británicos, fundidos en el crisol anglosajón, por su autodeterminación.      Estamos ante la historia de un pueblo que nace y se desarrolla en su totalidad en la Edad Contemporánea. Una historia en la que el factor dominante no es el tiempo sino el espacio, que le dará una peculiar originalidad como nación.

Génesis colonial                    Volver

El desarrollo colonial de los territorios de Norteamérica responde a planteamientos diversos. No obstante, uno de los rasgos que lo definen, y al mismo tiempo lo diferencian de la otra empresa colonial, la iberoamericana, estriba en que en ningún caso se plantean procesos de asimilación de la población indígena. La colonización anglosajona de América del norte se hace sistemáticamente contra los indígenas, logrando su casi total desaparición, mediante procesos de conquista y avance colonizador.

Desde el punto de vista jurídico, las colonias británicas de Norteamérica eran de tres tipos. Las de propietario, que dependían de un súbdito inglés en virtud de la concesión de una cédula de propiedad. Fue el caso de Maryland y Pennsylvania. Las de carta o compañía: Connecticut y Rhode Island. Las nueve restantes estaban administradas directamente por la corona británica.

A partir de 1585 la presencia inglesa se extendía por el litoral al norte de Florida, donde Walter Raleigh, estableció una plantación a la que denominó Virginia, imponiendo a los nativos leyes, usos y costumbres inglesas.

A partir del siglo XVII, Inglaterra organiza la colonización sistemática de la costa atlántica, mediante la explotación de plantaciones, sobre todo de tabaco. El segundo asentamiento importante dio origen a Massachusetts. Sus causas fueron distintas. Se trataba de un grupo de familias puritanas, de origen social modesto, que huyen de la intransigencia religiosa inglesa, con la intención de establecerse en unas tierras donde realizar sus ideales religiosos. El grupo, que será conocido como los padres peregrinos, llegó a finales de 1620.    La prosperidad de la plantación que pusieron en marcha impulsó a la corona inglesa a confirmarla como colonia real en 1629. En 1640 contaba con 20.000 habitantes.

Años antes había iniciado una nueva fase expansiva que dio lugar a nuevas colonias: Maine en 1630, Connecticut y Rhode Island en 1636 y Nueva Hampshire en 1638, que recibirán el nombre de Nueva Inglaterra.

La tercera zona de colonización se desarrolla al sur de Nueva Inglaterra. En este caso el noble católico Cecil Calvert, en 1634, funda la colonia de Maryland, tierra de María, también huyendo de la intransigencia protestante de la metrópoli, aunque aquí también encontrará al principio el rechazo de las colonias protestantes de Nueva Inglaterra.

La hegemonía colonial de los británicos no impidió los asentamientos de colonos procedentes de Francia y Holanda. Estos establecieron una colonia en 1626, Nueva Amsterdam en la isla de Manhattan, en la desembocadura del Hudson, donde la Compañía holandesa de las Indias Occidentales comerciaba con pieles. Los franceses, desde Canadá, penetraron en la zona de los Grandes Lagos, el Ohio y el Mississipi.

De esta forma durante el siglo XVII se fueron estableciendo los principales enclaves coloniales que durante el siglo siguiente habrían de protagonizar el proceso de emancipación y el nacimiento de los Estados Unidos.

Estructura social y económica de las colonias en vísperas de la emancipación                     Volver

Colonias del Norte - Colonias del Sur - Colonias del Centro                  

En el último tercio del siglo XVIII, las colonias británicas se extendían unos 2.000 kilómetros a lo largo de la costa atlántica, desde Nueva Hampshire en el norte hasta Georgia en el sur, habiéndose triplicado la superficie colonizada desde 1700.

En vísperas de la emancipación la heterogeneidad era el rasgo característico de las trece colonias. Independientes entre sí, mal comunicadas por tierra y con relaciones entre ellas no siempre cordiales. Solo coinciden en su hostilidad hacia el indígena, y cuando todas ellas sean colonias reales y el poder del monarca centralice la administración colonial, evitando enfrentamiento entre ellas, se sentirán inglesas y todas colaborarán decididamente por expulsar a suecos, franceses y holandeses.

Desde el punto de vista social y económico podemos señalar algunos rasgos propios de las colonias en vísperas de la independencia.

Las colonias del Norte                   Volver

Bajo la denominación de Nueva Inglaterra e integradas por Nueva Hampshire, Massachusetts, Vermont, Maine, Rhode Island y Connecticut.

Predomina en ellas la agricultura y el comercio. Sus habitantes proceden de los grupos congregacionistas y puritanos que se establecen a principios del siglo XVII. En un principio no reciben las tierras a titulo individual sino que son las comunidades las titulares de la propiedad quienes las distribuyen entre sus miembros.

Los colonos participaban desde el principio de un modo directo y democrático en las cuestiones de la organización colonial. En las zonas costeras pronto surgieron importante núcleos urbanos que desarrollaban un creciente y prospero comercio, con las Antillas y con la metrópoli.

Experimentaron un fuerte crecimiento demográfico, de tal modo que entre 1700 y 1750 pasaron de 100.000 habitantes a 500.000, de los cuales solo 19.000 eran esclavos.

Las colonias del Sur                    Volver

Integradas por Maryland, Virginia, Carolina del Norte y del Sur y Georgia.

Su desarrollo social y económico vino determinado por el procedimiento de adjudicación de tierras, que se hacía directamente a los colonos a título individual. El sistema de explotación de grandes plantaciones determinó un hábitat disperso y la utilización de abundante mano de obra, en su mayoría esclava. La actividad agrícola de estas grandes plantaciones se centró en el tabaco, el azúcar y el algodón.

El crecimiento demográfico fue espectacular. En 1763 con 735.000 habitantes había sextuplicado la población de 1700. De ella un 38 % eran esclavos. En estas colonias surgió una rica y refinada aristocracia terrateniente, emuladora de la nobleza rural inglesa. Disponen de un gran poder económico y en sus plantaciones disponen de un poder total.

Las colonias del Centro                   Volver

Nueva York, Nueva Jersey, Pennsylvania y Delaware formaban una zona de transición entre las dos anteriores.

La actividad dominante también era la agraria aunque la situación variaba de una a otra. Desde los grandes latifundios en Nueva York hasta las explotaciones más pequeñas en Pennsylvania.

La particularidad de estas colonias era que los ingleses estaban en minoría. Su población era un conjunto variopinto de irlandeses, escoceses, hugonotes franceses, holandeses, alemanes y suizos. Otro rasgo, consecuencia del anterior, era que en estas colonias existía una gran tolerancia religiosa frente a la intransigencia de los puritanos del norte y los anglicanos del sur.

También aquí el incremento demográfico fue espectacular, pasando en los primeros 63 años del siglo de 53.000 habitantes a 410.000, con una población de esclavos escasa.

Por último caracteriza a estas colonias centrales el desarrollo de grandes núcleos urbanos. Nueva York y Filadelfia eran algunas de las concentraciones urbanas más grandes de todo el imperio británico.

Las instituciones de gobierno colonial eran idénticas para las trece colonias. A la cabeza de cada colonia se encontraba el gobernador, encargado de hacer cumplir las leyes británicas y las coloniales, asesorado por un consejo de gobierno.

La asamblea colonial, compuesta por los representantes de los ciudadanos, tenía como función principal el control de la hacienda y la aprobación de nuevos impuestos; a lo largo del siglo XVIII fue adquiriendo cada vez mayor conciencia de su papel, por mimetismo con la Cámara de los Comunes, de limitar las prerrogativas del gobernador. La influencia de las teorías de Locke, Montesquieu y Rousseau, fueron cada vez más evidentes.

Frente al criterio británico de que dichas asambleas eran una graciosa concesión real que podía ser revocada en cualquier momento, los colonos mantenían que su poder residía en el mutuo consentimiento de los gobernados. Poco a poco cada colonia fue adquiriendo una fuerte conciencia regional.

En cuanto a la sociedad colonial podemos establecer los siguientes rasgos:

            - la distribución de bienes y la jerarquización social no eran tan evidentes aquí como en Europa;

            - existía una minoría de grandes propietarios, y una amplia clase media tanto en las ciudades como en el campo; artesanos y agricultores participaban  de un bienestar material en aumento;

            - todos participan de los ideales de laboriosidad, deseos de propiedad y esperanza de mejora económica.

Por tanto, lo que impulsará a los norteamericanos a la lucha por su independencia no será la opresión política de una monarquía absoluta, ni una situación de ruina económica. La razón fundamental será el rechazo a la política colonial de la metrópoli que se intentó implantar a partir de 1763.

La emancipación norteamericana fue una revolución en contra de la pretensión de la monarquía constitucional inglesa de romper el pacto colonial. De ahí que la lucha no condujera a un derrumbamiento del orden social ni a una transformación de la sociedad.

Causas del proceso emancipador                  Volver

A partir de 1763, con la firma en París de la paz, tras la guerra de los Siete Años, Gran Bretaña obtiene una serie de ventajas territoriales: Canadá, Florida y el traslado de la frontera al otro lado del Mississipi. Sin embargo, los cuantiosos gastos que había supuesto la guerra, llevaron a la corona británica a tomar una serie de medidas que venían a romper la relativa autonomía que disfrutaban los colonos americanos.

Jorge III, rey de Gran Bretaña, pretende no solo sanear su hacienda después de la guerra de los Siete Años, sino también recuperar el pleno uso de su Prerrogativa Regia, demostrando su autoridad sobre las Trece Colonias e imponiendo esa autoridad sobre los nuevos territorios norteamericanos ganados a Francia tras la guerra. Esta actitud dará lugar a una cadena de decisiones que culminarán con la perdida para Gran Bretaña de sus colonias en la América septentrional.

En octubre de 1763, prohíbe a los colonos establecerse en los territorios al oeste de los Apalaches, impidiendo que los nuevos territorios recibidos tras la guerra fuesen incorporados a las colonias. Por otra parte, el comercio de las colonias, sobre el que se apoyaba su economía, se vio amenazado. Se establecieron una serie de disposiciones, con el fin de compensar los gastos de la guerra, que ampliaban la lista de artículos que, procedentes de las colonias o destinados a ellas, deberían pasar forzosamente por los mercados de la metrópoli y ser transportados obligatoriamente en barcos ingleses. Se aumentó el control aduanero para que dichas medidas fuesen efectivas.

Con objeto de obligar a los americanos a contribuir en la reconstrucción de la flota británica, el Parlamento votó la Ley del Timbre, en 1765, que imponía una tasa a todos los documentos jurídicos y que despertó una oleada de protestas en las colonias. La resistencia contra la ley del timbre y los impuestos sobre el azúcar, mostró que una gran parte de los comerciantes, los políticos y amplias capas de la población no estaban dispuestas a someterse por más tiempo a los intereses económicos de la metrópoli. Se argumentó que no podían establecerse nuevos impuestos en las colonias sin la aprobación de la respectiva asamblea colonial, pues al no tener los colonos representación en el Parlamento de Londres, estas instituciones suplían esa representación.

En vista de la reacción colonial, el impuesto fue revocado en 1766. Sin embargo, las autoridades inglesas no estaban dispuestas a reconocer semejante papel a las asambleas coloniales.

En 1767 de nuevo se establecen nuevos impuestos, en este caso sobre el vidrio, el plomo, el papel y el té. A pesar de que económicamente suponían poca cosa, se pretendía con ellas reafirmar el derecho de la metrópoli a imponer tributos a sus colonias para contribuir a los gastos de su propia defensa. Esta vez la reacción colonial fue general. Los comerciantes acuerdan no importar productos ingleses, y la protesta de las asambleas coloniales fue más violenta.

En 1770, Londres suspendió esos impuestos, manteniendo como una advertencia de su soberanía el impuesto que gravaba el té. La reacción en Boston fue violenta saldándose con cinco colonos muertos tras el enfrentamiento con las tropas de la guarnición inglesa.

Al descontento general en las colonias, vino a sumarse la aparición de una minoría intelectual, inspirada por las doctrinas de la Ilustración, que pusieron en marcha una serie de comités de correspondencia, para informar con rapidez sobre los acontecimientos que se fueran produciendo en los distintos territorios coloniales e influir en la opinión pública. Entre sus miembros destacarán Franklin, John y Samuel Adams, Washington y Jefferson, que pronto aparecerán dirigiendo el proceso de independencia colonial.

En este clima de abierta rebelión tuvo lugar el pintoresco incidente, en el que un grupo de colonos, disfrazados de indios, asaltaron por sorpresa tres barcos ingleses anclados en el puerto de Boston y arrojaron el cargamento de té al agua. Este acontecimiento provocó la reacción de la corona y del Parlamento de Londres, clausurando el puerto de Boston y ocupando militarmente la ciudad. Con estas medidas creyeron aislar el foco rebelde, sin embargo, la rápida comunicación de los incidentes a través de los comités de correspondencia, hizo que una gran parte de influyentes comerciantes y políticos de otras colonias se solidarizaran con los de Massachusetts.

Ese mismo año de 1774, otra ley, esta vez sobre el Quebec, enrarece aún más el ambiente entre Gran Bretaña y sus colonos americanos. Los colonos franceses del Canadá, al pasar éste a la corona británica, ven reconocidos el uso de su lengua, religión e instituciones, frustrando las esperanzas de fusión de las colonias anglosajonas situadas al sur de aquellas.            

Desde diversas ciudades se pide a las asambleas de colonos que elijan delegados para celebrar un Congreso Continental con el fin de discutir una actitud común. Éste se celebrará en Filadelfia entre septiembre y octubre de 1774, en él participan todas las colonias excepto Georgia. Se acordó enviar al rey, al Parlamento y al pueblo de Gran Bretaña una declaración de principios y una lista de agravios. Se decidió boicotear todos los productos ingleses, y organizar de algún modo la defensa de las trece colonias.

La respuesta de la metrópoli fue recordar a los colonos la soberanía indiscutible del rey y del Parlamento.

En abril de 1775, un nuevo intento de control de Boston por parte de la guarnición británica, se encontró con el rechazo abierto de la población, organizada en milicias de voluntarios que terminó con la derrota y huida de los soldados ingleses. La noticia se extendió rápidamente a través de los comités de correspondencia, redactada en un tono de exaltación patriótica y revolucionaria.

En mayo se celebra un segundo Congreso Continental, celebrado también en Filadelfia, y sin la presencia de Georgia, en la que se acuerda crear un ejército y nombrar a George Washington, plantador de Virginia y veterano de la guerra de los Siete Años, comandante en jefe. La actitud de Jorge III, declarando rebeldes a los colonos impidió cualquier posible negociación.

En enero de 1776, mediante una proclama, Thomas Paine, exhorta a los colonos a la lucha abierta por la independencia y a la formación de un gobierno republicano.

En el tercer Congreso Continental celebrado en julio de 1776, y vencidas algunas resistencia, el día 4, Thomas Jefferson propone una Declaración de Independencia, de denso contenido ilustrado, que es aprobada por unanimidad. En ella, fundamentándose en el derecho natural racional, se justifica la soberanía popular como base legítima del nuevo poder político. Se exponen como motivos para la separación de las colonias, la ruptura por parte de la corona de los tratados de soberanía y el incumplimiento de los deberes del rey.

La lucha por la independencia. 1776-1783                 Volver

Los insurgentes se encontraban al principio en una situación de inferioridad. Además, mientras combatían, habían de continuar con el proceso emancipador. No tenían un gobierno central y las colonias se mostraban celosas de su autoridad y poco propicias a soportar el esfuerzo financiero de la guerra.

Por otra parte, los colonos se hallaban aislados en el terreno diplomático, puesto que el derecho internacional era poco favorable a los rebeldes en tiempos de paz, por eso la intervención de Francia a favor de los colonos británicos sería determinante. La rivalidad entre Francia e Inglaterra, agravada tras la derrota francesa en la guerra de los Siete Años y la consiguiente pérdida territorial en Norteamérica, facilito el apoyo francés a los colonos rebeldes.

A partir de 1775, Francia envía armas y préstamos. El apoyo de la flota francesa a los rebeldes, permitió a los colonos oponer resistencia a la supremacía de la marina de guerra británica.

Una vez producida la ruptura, los colonos tuvieron que superar no pocas dificultades. En primer lugar, hacer frente a una guerra de inciertos resultados frente a un ejército que había demostrado sobradamente su capacidad militar. Los ingleses, reforzados con más de 17.000 mercenarios alemanes, contaban con el apoyo de los colonos que permanecían leales a la corona británica y con los indios, quienes temían por la nueva situación. Sin embargo, su mejor conocimiento del terreno y la utilización de la táctica de guerrillas, dificultaron la lucha de las tropas inglesas.

Durante este periodo los colonos británicos obtuvieron notables éxitos frente a las tropas regulares inglesas. En octubre de 1777 los norteamericanos al mando del general Gates, obligaron a capitular en Saratoga a las fuerzas del inglés Burgoyne. Esta victoria tuvo consecuencias decisivas para la consecución de los objetivos americanos, pues Luis XVI reconoció a las Trece Colonias y firmó con ellas un tratado comercial, al que se unieron España y Holanda. Esto suponía el reconocimiento internacional y diplomático de la Independencia.

Los ingleses se mantenían firmes en Nueva York y Filadelfia, pero se vieron obligados a abandonar Boston. En 1780, el apoyo francés culmina con la llegada a Rhode Island de una fuerza militar que se unió al ejercito de Washington y obtuvieron en 1781 la resonante victoria de Yorktown. El ejercito ingles, rodeado y sin posibilidad de recibir ayuda, por el bloqueo de la escuadra francesa, capituló el 20 de octubre de 1781. Este fracaso desanimó a los ingleses.

El gobierno de Londres negoció y reconoció la independencia de las Trece Colonias, en la paz que se firmó en París y Versalles en 1783.

La formación de los Estados Unidos de Norteamérica                Volver

Tras la independencia los norteamericanos tenían que hacer frente a dos hechos decisivos: la creación de una nueva nación conformada por trece Estados, y la ampliación del nuevo país, que poseía vastísimos territorios al oeste.

El primer objetivo era crear un gobierno federal fuerte, que tratase de mantener la unidad nacional de las trece colonias; el segundo, extender su dominio territorial y organizar ese vasto territorio.

Ya en 1776, en la convención de Virginia, se sustituyó el estatuto colonial por una constitución estatal, que garantizaba la soberanía del pueblo basada en unos derechos democráticos fundamentales; la división de poderes y el carácter electivo de todos los cargos públicos, prohibiéndose los cargos públicos hereditarios; separación entre las iglesias y el estado; libertad de prensa.

A partir de 1777 el resto de las colonias siguió el ejemplo de Virginia, excepto Connecticut y Rhode Island, que mantuvieron sus cartas fundacionales.

En 1778 se promulgó  la Ley de la Confederación, que fue la primera tentativa para construir un bloque homogéneo, pero no dio resultado. En 1781, con los Artículos de la Confederación, se intentó de nuevo establecer una primera constitución de la federación estatal. La negativa de los Estados a renunciar a su soberanía y a su autonomía, dificultaba la solución que planteaban los problemas de la guerra e impedían adoptar medidas comunes en política exterior, por lo cual también fracasó.

Los intentos que siguieron para dar una forma política a las Trece Colonias se vieron obstaculizados por la aparición de dos posturas contrarias. Los partidarios de conservar la independencia política y administrativa de cada Estado, que daría origen al partido republicano-democrático, y los partidarios de un gobierno centralizado, los federalistas.

En 1787, se celebró la convención de Filadelfia a la que asistieron delegados de todos los Estados menos de Rhode Island. La mediación de Franklin y Madison entre unos y otros permitió un acuerdo. El resultado fue el establecimiento de una República Federal Presidencial y la promulgación de la Constitución de los Estados Unidos, que entró en vigor en 1789.

La ley fundamental norteamericana consagraba la división de poderes. Establecía un sistema de control mutuo por el cual los ciudadanos eran a la vez súbditos de su Estado y de la Unión. Los asuntos relacionados con la defensa, la moneda, el comercio exterior y las relaciones internacionales, eran competencia exclusiva del Gobierno Federal de la Unión. A los Estados quedaba reservada la gestión de todo lo referente a comunicaciones, política interior, culto, policía, justicia, educación.

Los tres poderes quedaban configurados según el siguiente esquema. El Presidente, titular del poder ejecutivo, actuaba como Jefe de Estado y Primer ministro. El candidato era designado por los partidos políticos, y elegido mediante sufragio indirecto por los compromisarios de los Estados. Su mandato se extendía por cuatro años y podía ser destituido por comisión de delito grave. Sometido en su gestión política al control del Congreso y del Tribunal Supremo en las cuestiones de constitucionalidad de sus decisiones.

El poder legislativo residía en dos cámaras indisolubles: la Cámara de representantes o Congreso y el Senado. La Cámara de representantes era elegida cada dos años mediante sufragio directo. Cada Estado tenía un numero de representantes proporcional a su población. El Senado estaba integrado por dos representantes de cada Estado de la Unión. Su mandato era por seis años, renovándose un tercio de la Cámara cada dos años. El Presidente con su voto suspensivo y el Tribunal Supremo, como garante constitucional, controlaban el poder legislativo.

El Tribunal Supremo acogía el poder judicial. Actúaba, además, como tribunal de garantías constitucionales, amparando al ciudadano y controlando la constitucionalidad de los actos de los otros dos poderes. Estaba integrado por nueve miembros vitalicios nombrados por el Presidente. Otra de las funciones capitales del Tribunal Supremo era conocer y decidir sobre los conflictos entre el poder federal y el estatal.

Por último, se estableció la posibilidad de formular enmiendas a esta Constitución, a través del Congreso. Esta flexibilidad fue una de las principales razones del éxito y la estabilidad de la Constitución de 1787. Su pragmatismo y su integración en los ideales ilustrados de la época, hicieron que rápidamente fuera reconocida y admirada por todos lo europeos que pretendían reformar el Antiguo Régimen.

Una de las consecuencias más trascendentales de la Independencia será la influencia decisiva que ejercerá en el desencadenamiento de las revoluciones atlánticas europeas y en el proceso emancipador de los territorios hispanoamericanos.

Con el nuevo orden político, se llevaron a cabo algunas reformas sociales. Se confiscaron y repartieron las tierras de propiedad real, y la de los colonos que permanecieron leales a Inglaterra. Se abolió el derecho de primogenitura y la vinculación de la propiedad al heredero. Se garantizó la libertad de religión, de expresión y de reunión.

El 30 de abril de 1789 fue elegido Washington primer Presidente de los Estados Unidos.

De 1775 a 1815 el proceso de decisión política siguió en manos del sector social alto y medio, que habían rechazado el poderío colonial, y seguían manteniendo su influencia. Durante medio siglo permaneció homogénea la clase política dirigente que se constituyó a partir de la Declaración de Independencia.

En el desarrollo del nuevo Estado, desde su independencia hasta la guerra civil en 1861, se pueden distinguir dos periodos. El primero, que abarca las presidencias de Washington, Adams, Jefferson y Madison, de 1789 a 1817, supone la consolidación de las nuevas instituciones. La ampliación del espacio territorial y una política internacional que mantiene la neutralidad en los conflictos europeos a la vez que relaciones unas veces de paz otras violentas con Inglaterra.

El segundo periodo, desde Madison hasta Lincoln, está caracterizado en política exterior por el aislacionismo de los Estados Unidos. En el interior, por la formación de dos posiciones basadas en diferencias económicas, sociales y políticas, entre los Estados del norte y los sureños, diferencias que van agravándose en la misma medida que la Unión incorpora nuevos Estados.

La política del Presidente Washington, frente a las dificultades de la postguerra y las opiniones de los partidos, se inclinó por la línea federalista, con la pretensión de consolidar la unión en el interior y acometer la construcción del nuevo Estado con decisión. Estableció una capitalidad federal en Maryland, creó el Banco de los Estados Unidos, estableció el dólar como moneda y unificó grupos financieros y comerciales, estableciendo el primer sistema impositivo general. Se reconocieron tres nuevos Estados: Vermont, Kentucky y Tennessee, iniciándose la expansión hacia el Oeste. En política exterior se restablecen las relaciones con Inglaterra y se mantiene la neutralidad ante el estallido revolucionario francés, a pesar de la opinión contraria de Jefferson.

La política de los tres presidentes siguientes siguió regida por las mismas líneas generales. Aumentaron las diferencias entre federalistas y antifederalistas. La neutralidad durante las guerras napoleónicas supuso un incremento de la prosperidad económica y varios conflictos con Inglaterra por el bloqueo continental. En 1804, fruto de la expansión hacia el Oeste se incorpora a la Unión un nuevo Estado: Ohio.