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Génesis colonial
-
Estructura social y económica
-
Causas
de la Independencia -
La lucha por la independencia
- La formación de los Estados
Unidos
La emancipación de las trece
colonias británicas de Norteamérica, se considera la primera
revolución de la Edad Contemporánea. Fue un proceso
complejo, en el que se manifiesta por vez primera, de modo
eficaz, el derecho del pueblo a rechazar la legítima
autoridad, por considerar que no cumple sus fines propios.
El desarrollo económico,
social y político general de Europa, de la que las colonias
británicas se consideran un fragmento, y en particular de
Gran Bretaña durante el siglo XVIII, permitieron un
importante desarrollo social y económico y una creciente
prosperidad.
La consiguiente madurez como
cuerpo social, despertó en los colonos británicos el deseo
de emancipación. No fue el último acto desesperado de
resistencia de unos colonos explotados, sino el primer acto
de defensa de las posibilidades de desarrollo de una nueva
economía autónoma y nacional.
La independencia y el
nacimiento de los Estados Unidos de Norteamérica será la
consecuencia de la lucha de emigrantes europeos, en su
mayoría británicos, fundidos en el crisol anglosajón, por su
autodeterminación. Estamos ante la historia de un
pueblo que nace y se desarrolla en su totalidad en la Edad
Contemporánea. Una historia en la que el factor dominante no
es el tiempo sino el espacio, que le dará una peculiar
originalidad como nación.
Génesis colonial
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El desarrollo colonial de los
territorios de Norteamérica responde a planteamientos
diversos. No obstante, uno de los rasgos que lo definen, y
al mismo tiempo lo diferencian de la otra empresa colonial,
la iberoamericana, estriba en que en ningún caso se plantean
procesos de asimilación de la población indígena. La
colonización anglosajona de América del norte se hace
sistemáticamente contra los indígenas, logrando su casi
total desaparición, mediante procesos de conquista y avance
colonizador.
Desde el punto de vista
jurídico, las colonias británicas de Norteamérica eran de
tres tipos. Las de propietario, que dependían de un súbdito
inglés en virtud de la concesión de una cédula de propiedad.
Fue el caso de Maryland y Pennsylvania. Las de carta o
compañía: Connecticut y Rhode Island. Las nueve restantes
estaban administradas directamente por la corona británica.
A partir de 1585 la presencia
inglesa se extendía por el litoral al norte de Florida,
donde Walter Raleigh, estableció una plantación a la que
denominó Virginia, imponiendo a los nativos leyes, usos y
costumbres inglesas.
A partir del siglo XVII,
Inglaterra organiza la colonización sistemática de la costa
atlántica, mediante la explotación de plantaciones, sobre
todo de tabaco. El segundo asentamiento importante dio
origen a Massachusetts. Sus causas fueron distintas. Se
trataba de un grupo de familias puritanas, de origen social
modesto, que huyen de la intransigencia religiosa inglesa,
con la intención de establecerse en unas tierras donde
realizar sus ideales religiosos. El grupo, que será conocido
como los padres peregrinos, llegó a finales de 1620. La
prosperidad de la plantación que pusieron en marcha impulsó
a la corona inglesa a confirmarla como colonia real en 1629.
En 1640 contaba con 20.000 habitantes.
Años antes había iniciado una
nueva fase expansiva que dio lugar a nuevas colonias: Maine
en 1630, Connecticut y Rhode Island en 1636 y Nueva
Hampshire en 1638, que recibirán el nombre de Nueva
Inglaterra.
La tercera zona de
colonización se desarrolla al sur de Nueva Inglaterra. En
este caso el noble católico Cecil Calvert, en 1634, funda la
colonia de Maryland, tierra de María, también huyendo de la
intransigencia protestante de la metrópoli, aunque aquí
también encontrará al principio el rechazo de las colonias
protestantes de Nueva Inglaterra.
La hegemonía colonial de los
británicos no impidió los asentamientos de colonos
procedentes de Francia y Holanda. Estos establecieron una
colonia en 1626, Nueva Amsterdam en la isla de Manhattan, en
la desembocadura del Hudson, donde la Compañía holandesa de
las Indias Occidentales comerciaba con pieles. Los
franceses, desde Canadá, penetraron en la zona de los
Grandes Lagos, el Ohio y el Mississipi.
De esta forma durante el siglo
XVII se fueron estableciendo los principales enclaves
coloniales que durante el siglo siguiente habrían de
protagonizar el proceso de emancipación y el nacimiento de
los Estados Unidos.
Estructura social y económica
de las colonias en vísperas de la emancipación
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Colonias del Norte - Colonias
del Sur - Colonias del Centro
En el último tercio del siglo
XVIII, las colonias británicas se extendían unos 2.000
kilómetros a lo largo de la costa atlántica, desde Nueva
Hampshire en el norte hasta Georgia en el sur, habiéndose
triplicado la superficie colonizada desde 1700.
En vísperas de la emancipación
la heterogeneidad era el rasgo característico de las trece
colonias. Independientes entre sí, mal comunicadas por
tierra y con relaciones entre ellas no siempre cordiales.
Solo coinciden en su hostilidad hacia el indígena, y cuando
todas ellas sean colonias reales y el poder del monarca
centralice la administración colonial, evitando
enfrentamiento entre ellas, se sentirán inglesas y todas
colaborarán decididamente por expulsar a suecos, franceses y
holandeses.
Desde el punto de vista social
y económico podemos señalar algunos rasgos propios
de las colonias en vísperas de
la independencia.
Las colonias del Norte
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Bajo la denominación de Nueva
Inglaterra e integradas por Nueva Hampshire, Massachusetts,
Vermont, Maine, Rhode Island y Connecticut.
Predomina en ellas la
agricultura y el comercio. Sus habitantes proceden de los
grupos congregacionistas y puritanos que se establecen a
principios del siglo XVII. En un principio no reciben las
tierras a titulo individual sino que son las comunidades las
titulares de la propiedad quienes las distribuyen entre sus
miembros.
Los colonos participaban desde
el principio de un modo directo y democrático en las
cuestiones de la organización colonial. En las zonas
costeras pronto surgieron importante núcleos urbanos que
desarrollaban un creciente y prospero comercio, con las
Antillas y con la metrópoli.
Experimentaron un fuerte
crecimiento demográfico, de tal modo que entre 1700 y 1750
pasaron de 100.000 habitantes a 500.000, de los cuales solo
19.000 eran esclavos.
Las colonias
del Sur
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Integradas por Maryland,
Virginia, Carolina del Norte y del Sur y Georgia.
Su desarrollo social y
económico vino determinado por el procedimiento de
adjudicación de tierras, que se hacía directamente a los
colonos a título individual. El sistema de explotación de
grandes plantaciones determinó un hábitat disperso y la
utilización de abundante mano de obra, en su mayoría
esclava. La actividad agrícola de estas grandes plantaciones
se centró en el tabaco, el azúcar y el algodón.
El crecimiento demográfico fue
espectacular. En 1763 con 735.000 habitantes había
sextuplicado la población de 1700. De ella un 38 % eran
esclavos. En estas colonias surgió una rica y refinada
aristocracia terrateniente, emuladora de la nobleza rural
inglesa. Disponen de un gran poder económico y en sus
plantaciones disponen de un poder total.
Las colonias del Centro
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Nueva York, Nueva Jersey,
Pennsylvania y Delaware formaban una zona de transición
entre las dos anteriores.
La actividad dominante también
era la agraria aunque la situación variaba de una a otra.
Desde los grandes latifundios en Nueva York hasta las
explotaciones más pequeñas en Pennsylvania.
La particularidad de estas
colonias era que los ingleses estaban en minoría. Su
población era un conjunto variopinto de irlandeses,
escoceses, hugonotes franceses, holandeses, alemanes y
suizos. Otro rasgo, consecuencia del anterior, era que en
estas colonias existía una gran tolerancia religiosa frente
a la intransigencia de los puritanos del norte y los
anglicanos del sur.
También aquí el incremento
demográfico fue espectacular, pasando en los primeros 63
años del siglo de 53.000 habitantes a 410.000, con una
población de esclavos escasa.
Por último caracteriza a estas
colonias centrales el desarrollo de grandes núcleos urbanos.
Nueva York y Filadelfia eran algunas de las concentraciones
urbanas más grandes de todo el imperio británico.
Las instituciones de gobierno
colonial eran idénticas para las trece colonias. A la cabeza
de cada colonia se encontraba el gobernador, encargado de
hacer cumplir las leyes británicas y las coloniales,
asesorado por un consejo de gobierno.
La asamblea colonial,
compuesta por los representantes de los ciudadanos, tenía
como función principal el control de la hacienda y la
aprobación de nuevos impuestos; a lo largo del siglo XVIII
fue adquiriendo cada vez mayor conciencia de su papel, por
mimetismo con la Cámara de los Comunes, de limitar las
prerrogativas del gobernador. La influencia de las teorías
de Locke, Montesquieu y Rousseau, fueron cada vez más
evidentes.
Frente al criterio británico
de que dichas asambleas eran una graciosa concesión real que
podía ser revocada en cualquier momento, los colonos
mantenían que su poder residía en el mutuo consentimiento de
los gobernados. Poco a poco cada colonia fue adquiriendo una
fuerte conciencia regional.
En cuanto a la sociedad
colonial podemos establecer los siguientes rasgos:
- la distribución
de bienes y la jerarquización social no eran tan evidentes
aquí como en Europa;
- existía una
minoría de grandes propietarios, y una amplia clase media
tanto en las ciudades como en el campo; artesanos y
agricultores participaban de un bienestar material en
aumento;
- todos participan
de los ideales de laboriosidad, deseos de propiedad y
esperanza de mejora económica.
Por tanto, lo que impulsará a
los norteamericanos a la lucha por su independencia no será
la opresión política de una monarquía absoluta, ni una
situación de ruina económica. La razón fundamental será el
rechazo a la política colonial de la metrópoli que se
intentó implantar a partir de 1763.
La emancipación norteamericana
fue una revolución en contra de la pretensión de la
monarquía constitucional inglesa
de romper el pacto colonial. De ahí que la lucha no
condujera a un derrumbamiento del orden social ni a una
transformación de la sociedad.
Causas del proceso emancipador
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A partir de 1763, con la firma
en París de la paz, tras la guerra de los Siete Años, Gran
Bretaña obtiene una serie de ventajas territoriales: Canadá,
Florida y el traslado de la frontera al otro lado del
Mississipi. Sin embargo, los cuantiosos gastos que había
supuesto la guerra, llevaron a la corona británica a tomar
una serie de medidas que venían a romper la relativa
autonomía que disfrutaban los colonos americanos.
Jorge III, rey de Gran
Bretaña, pretende no solo sanear su hacienda después de la
guerra de los Siete Años, sino también recuperar el pleno
uso de su Prerrogativa Regia, demostrando su autoridad sobre
las Trece Colonias e imponiendo esa autoridad sobre los
nuevos territorios norteamericanos ganados a Francia tras la
guerra. Esta actitud dará lugar a una cadena de decisiones
que culminarán con la perdida para Gran Bretaña de sus
colonias en la América septentrional.
En octubre de 1763, prohíbe a
los colonos establecerse en los territorios al oeste de los
Apalaches, impidiendo que los nuevos territorios recibidos
tras la guerra fuesen incorporados a las colonias. Por otra
parte, el comercio de las colonias, sobre el que se apoyaba
su economía, se vio amenazado. Se establecieron una serie de
disposiciones, con el fin de compensar los gastos de la
guerra, que ampliaban la lista de artículos que, procedentes
de las colonias o destinados a ellas, deberían pasar
forzosamente por los mercados de la metrópoli y ser
transportados obligatoriamente en barcos ingleses. Se
aumentó el control aduanero para que dichas medidas fuesen
efectivas.
Con objeto de obligar a los
americanos a contribuir en la reconstrucción de la flota
británica, el Parlamento votó la Ley del Timbre, en 1765,
que imponía una tasa a todos los documentos jurídicos y que
despertó una oleada de protestas en las colonias. La
resistencia contra la ley del timbre y los impuestos sobre
el azúcar, mostró que una gran parte de los comerciantes,
los políticos y amplias capas de la población no estaban
dispuestas a someterse por más tiempo a los intereses
económicos de la metrópoli. Se argumentó que no podían
establecerse nuevos impuestos en las colonias sin la
aprobación de la respectiva asamblea colonial, pues al no
tener los colonos representación en el Parlamento de
Londres, estas instituciones suplían esa representación.
En vista de la reacción
colonial, el impuesto fue revocado en 1766. Sin embargo, las
autoridades inglesas no estaban dispuestas a reconocer
semejante papel a las asambleas coloniales.
En 1767 de nuevo se establecen
nuevos impuestos, en este caso sobre el vidrio, el plomo, el
papel y el té. A pesar de que económicamente suponían poca
cosa, se pretendía con ellas reafirmar el derecho de la
metrópoli a imponer tributos a sus colonias para contribuir
a los gastos de su propia defensa. Esta vez la reacción
colonial fue general. Los comerciantes acuerdan no importar
productos ingleses, y la protesta de las asambleas
coloniales fue más violenta.
En 1770, Londres suspendió
esos impuestos, manteniendo como una advertencia de su
soberanía el impuesto que gravaba el té. La reacción en
Boston fue violenta saldándose con cinco colonos muertos
tras el enfrentamiento con las tropas de la guarnición
inglesa.
Al descontento general en las
colonias, vino a sumarse la aparición de una minoría
intelectual, inspirada por las doctrinas de la Ilustración,
que pusieron en marcha una serie de comités de
correspondencia, para informar con rapidez sobre los
acontecimientos que se fueran produciendo en los distintos
territorios coloniales e influir en la opinión pública.
Entre sus miembros destacarán Franklin, John y Samuel Adams,
Washington y Jefferson, que pronto aparecerán dirigiendo el
proceso de independencia colonial.
En este clima de abierta
rebelión tuvo lugar el pintoresco incidente, en el que un
grupo de colonos, disfrazados de indios, asaltaron por
sorpresa tres barcos ingleses anclados en el puerto de
Boston y arrojaron el cargamento de té al agua. Este
acontecimiento provocó la reacción de la corona y del
Parlamento de Londres, clausurando el puerto de Boston y
ocupando militarmente la ciudad. Con estas medidas creyeron
aislar el foco rebelde, sin embargo, la rápida comunicación
de los incidentes a través de los comités de
correspondencia, hizo que una gran parte de influyentes
comerciantes y políticos de otras colonias se solidarizaran
con los de Massachusetts.
Ese mismo año de 1774, otra
ley, esta vez sobre el Quebec, enrarece aún más el ambiente
entre Gran Bretaña y sus colonos americanos. Los colonos
franceses del Canadá, al pasar éste a la corona británica,
ven reconocidos el uso de su lengua, religión e
instituciones, frustrando las esperanzas de fusión de las
colonias anglosajonas situadas al sur de aquellas.
Desde diversas ciudades se pide a las asambleas
de colonos que elijan delegados para celebrar un Congreso
Continental con el fin de discutir una actitud común. Éste
se celebrará en Filadelfia entre septiembre y octubre de
1774, en él participan todas las colonias excepto Georgia.
Se acordó enviar al rey, al Parlamento y al pueblo de Gran
Bretaña una declaración de principios y una lista de
agravios. Se decidió boicotear todos los productos ingleses,
y organizar de algún modo la defensa de las trece colonias.
La respuesta de la metrópoli
fue recordar a los colonos la soberanía indiscutible del rey
y del Parlamento.
En abril de 1775, un nuevo
intento de control de Boston por parte de la guarnición
británica, se encontró con el rechazo abierto de la
población, organizada en milicias de voluntarios que terminó
con la derrota y huida de los soldados ingleses. La noticia
se extendió rápidamente a través de los comités de
correspondencia, redactada en un tono de exaltación
patriótica y revolucionaria.
En mayo se celebra un segundo
Congreso Continental, celebrado también en Filadelfia, y sin
la presencia de Georgia, en la que se acuerda crear un
ejército y nombrar a George Washington, plantador de
Virginia y veterano de la guerra de los Siete Años,
comandante en jefe. La actitud de Jorge III, declarando
rebeldes a los colonos impidió cualquier posible
negociación.
En enero de 1776, mediante una
proclama, Thomas Paine, exhorta a los colonos a la lucha
abierta por la independencia y a la formación de un gobierno
republicano.
En el tercer Congreso
Continental celebrado en julio de 1776, y vencidas algunas
resistencia, el día 4, Thomas Jefferson propone una
Declaración de Independencia, de denso contenido ilustrado,
que es aprobada por unanimidad. En ella, fundamentándose en
el derecho natural racional, se justifica la soberanía
popular como base legítima del nuevo poder político. Se
exponen como motivos para la separación de las colonias, la
ruptura por parte de la corona de los tratados de soberanía
y el incumplimiento de los deberes del rey.
La lucha por la independencia.
1776-1783
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Los insurgentes se encontraban
al principio en una situación de inferioridad. Además,
mientras combatían, habían de continuar con el proceso
emancipador. No tenían un gobierno central y las colonias se
mostraban celosas de su autoridad y poco propicias a
soportar el esfuerzo financiero de la guerra.
Por otra parte, los colonos se
hallaban aislados en el terreno diplomático, puesto que el
derecho internacional era poco favorable a los rebeldes en
tiempos de paz, por eso la intervención de Francia a favor
de los colonos británicos sería determinante. La rivalidad
entre Francia e Inglaterra, agravada tras la derrota
francesa en la guerra de los Siete Años y la consiguiente
pérdida territorial en Norteamérica, facilito el apoyo
francés a los colonos rebeldes.
A partir de 1775, Francia
envía armas y préstamos. El apoyo de la flota francesa a los
rebeldes, permitió a los colonos oponer resistencia a la
supremacía de la marina de guerra británica.
Una vez producida la ruptura,
los colonos tuvieron que superar no pocas dificultades. En
primer lugar, hacer frente a una guerra de inciertos
resultados frente a un ejército que había demostrado
sobradamente su capacidad militar. Los ingleses, reforzados
con más de 17.000 mercenarios alemanes, contaban con el
apoyo de los colonos que permanecían leales a la corona
británica y con los indios, quienes temían por la nueva
situación. Sin embargo, su mejor conocimiento del terreno y
la utilización de la táctica de guerrillas, dificultaron la
lucha de las tropas inglesas.
Durante este periodo los
colonos británicos obtuvieron notables éxitos frente a las
tropas regulares inglesas. En octubre de 1777 los
norteamericanos al mando del general Gates, obligaron a
capitular en Saratoga a las fuerzas del inglés Burgoyne.
Esta victoria tuvo consecuencias decisivas para la
consecución de los objetivos americanos, pues Luis XVI
reconoció a las Trece Colonias y firmó con ellas un tratado
comercial, al que se unieron España y Holanda. Esto suponía
el reconocimiento internacional y diplomático de la
Independencia.
Los ingleses se mantenían
firmes en Nueva York y Filadelfia, pero se vieron obligados
a abandonar Boston. En 1780, el apoyo francés culmina con la
llegada a Rhode Island de una fuerza militar que se unió al
ejercito de Washington y obtuvieron en 1781 la resonante
victoria de Yorktown. El ejercito ingles, rodeado y sin
posibilidad de recibir ayuda,
por el bloqueo de la escuadra
francesa, capituló el 20 de octubre de 1781. Este fracaso
desanimó a los ingleses.
El gobierno de Londres negoció
y reconoció la independencia de las Trece Colonias, en la
paz que se firmó en París y Versalles en 1783.
La formación de los Estados
Unidos de Norteamérica
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Tras la independencia los
norteamericanos tenían que hacer frente a dos hechos
decisivos: la creación de una nueva nación conformada por
trece Estados, y la ampliación del nuevo país, que poseía
vastísimos territorios al oeste.
El primer objetivo era crear
un gobierno federal fuerte, que tratase de mantener la
unidad nacional de las trece colonias; el segundo, extender
su dominio territorial y organizar ese vasto territorio.
Ya en 1776, en la convención
de Virginia, se sustituyó el estatuto colonial por una
constitución estatal, que garantizaba la soberanía del
pueblo basada en unos derechos democráticos fundamentales;
la división de poderes y el carácter electivo de todos los
cargos públicos, prohibiéndose los cargos públicos
hereditarios; separación entre las iglesias y el estado;
libertad de prensa.
A partir de 1777 el resto de
las colonias siguió el ejemplo de Virginia, excepto
Connecticut y Rhode Island, que mantuvieron sus cartas
fundacionales.
En 1778 se promulgó la Ley de
la Confederación, que fue la primera tentativa para
construir un bloque homogéneo, pero no dio resultado. En
1781, con los Artículos de la Confederación, se intentó de
nuevo establecer una primera constitución de la federación
estatal. La negativa de los Estados a renunciar a su
soberanía y a su autonomía, dificultaba la solución que
planteaban los problemas de la guerra e impedían adoptar
medidas comunes en política exterior, por lo cual también
fracasó.
Los intentos que siguieron
para dar una forma política a las Trece Colonias se vieron
obstaculizados por la aparición de dos posturas contrarias.
Los partidarios de conservar la independencia política y
administrativa de cada Estado, que daría origen al partido
republicano-democrático, y los partidarios de un gobierno
centralizado, los federalistas.
En 1787, se celebró la
convención de Filadelfia a la que asistieron delegados de
todos los Estados menos de Rhode Island. La mediación de
Franklin y Madison entre unos y otros permitió un acuerdo.
El resultado fue el establecimiento de una República Federal
Presidencial y la promulgación de la Constitución de los
Estados Unidos, que entró en vigor
en 1789.
La ley fundamental
norteamericana consagraba la división de poderes. Establecía
un sistema de control mutuo por el cual los ciudadanos eran
a la vez súbditos de su Estado y de la Unión. Los asuntos
relacionados con la defensa, la moneda, el comercio exterior
y las relaciones internacionales, eran competencia exclusiva
del Gobierno Federal de la Unión. A los Estados quedaba
reservada la gestión de todo lo referente a comunicaciones,
política interior, culto, policía, justicia, educación.
Los tres poderes quedaban
configurados según el siguiente esquema. El Presidente,
titular del poder ejecutivo, actuaba como Jefe de Estado y
Primer ministro. El candidato era designado por los partidos
políticos, y elegido mediante sufragio indirecto por los
compromisarios de los Estados. Su mandato se extendía por
cuatro años y podía ser destituido por comisión de delito
grave. Sometido en su gestión política al control del
Congreso y del Tribunal Supremo en las cuestiones de
constitucionalidad de sus decisiones.
El poder legislativo residía
en dos cámaras indisolubles: la Cámara de representantes o
Congreso y el Senado. La Cámara de representantes era
elegida cada dos años mediante sufragio directo. Cada Estado
tenía un numero de representantes proporcional a su
población. El Senado estaba integrado por dos representantes
de cada Estado de la Unión. Su mandato era por seis años,
renovándose un tercio de la Cámara cada dos años. El
Presidente con su voto suspensivo y el Tribunal Supremo,
como garante constitucional, controlaban el poder
legislativo.
El Tribunal Supremo acogía el
poder judicial. Actúaba, además, como tribunal de garantías
constitucionales, amparando al ciudadano y controlando la
constitucionalidad de los actos de los otros dos poderes.
Estaba integrado por nueve miembros vitalicios nombrados por
el Presidente. Otra de las funciones capitales del Tribunal
Supremo era conocer y decidir sobre los conflictos entre el
poder federal y el estatal.
Por último, se estableció la
posibilidad de formular enmiendas a esta Constitución, a
través del Congreso. Esta flexibilidad fue una de las
principales razones del éxito y la estabilidad de la
Constitución de 1787. Su pragmatismo y su integración en los
ideales ilustrados de la época, hicieron que rápidamente
fuera reconocida y admirada por todos lo europeos que
pretendían reformar el Antiguo Régimen.
Una de las consecuencias más
trascendentales de la Independencia será la influencia
decisiva que ejercerá en el desencadenamiento de las
revoluciones atlánticas europeas y en el proceso emancipador
de los territorios hispanoamericanos.
Con el nuevo orden político,
se llevaron a cabo algunas reformas sociales. Se confiscaron
y repartieron las tierras de propiedad real, y la de los
colonos que permanecieron leales a Inglaterra. Se abolió el
derecho de primogenitura y la vinculación de la propiedad al
heredero. Se garantizó la libertad de religión, de expresión
y de reunión.
El 30 de abril de 1789 fue
elegido Washington primer Presidente de los Estados Unidos.
De 1775 a 1815 el proceso de
decisión política siguió en manos del sector social alto y
medio, que habían rechazado el poderío colonial, y seguían
manteniendo su influencia. Durante medio siglo permaneció
homogénea la clase política dirigente que se constituyó a
partir de la Declaración de Independencia.
En el desarrollo del nuevo
Estado, desde su independencia hasta la guerra civil en
1861, se pueden distinguir dos periodos. El primero, que
abarca las presidencias de Washington, Adams, Jefferson y
Madison, de 1789 a 1817, supone la consolidación de las
nuevas instituciones. La ampliación del espacio territorial
y una política internacional que mantiene la neutralidad en
los conflictos europeos a la vez que relaciones unas veces
de paz otras violentas con Inglaterra.
El segundo periodo, desde
Madison hasta Lincoln, está caracterizado en política
exterior por el aislacionismo de los Estados Unidos. En el
interior, por la formación de dos posiciones basadas en
diferencias económicas, sociales y políticas, entre los
Estados del norte y los sureños, diferencias que van
agravándose en la misma medida que la Unión incorpora nuevos
Estados.
La política del Presidente
Washington, frente a las dificultades de la postguerra y las
opiniones de los partidos, se inclinó por la línea
federalista, con la pretensión de consolidar la unión en el
interior y acometer la construcción del nuevo Estado con
decisión. Estableció una capitalidad federal en Maryland,
creó el Banco de los Estados Unidos, estableció el dólar
como moneda y unificó grupos financieros y comerciales,
estableciendo el primer sistema impositivo general. Se
reconocieron tres nuevos Estados: Vermont, Kentucky y
Tennessee, iniciándose la expansión hacia el Oeste. En
política exterior se restablecen las relaciones con
Inglaterra y se mantiene la neutralidad ante el estallido
revolucionario francés, a pesar de la opinión contraria de
Jefferson.
La política de los tres
presidentes siguientes siguió regida por las mismas líneas
generales. Aumentaron las diferencias entre federalistas y
antifederalistas. La neutralidad durante las guerras
napoleónicas supuso un incremento de la prosperidad
económica y varios conflictos con Inglaterra por el bloqueo
continental. En 1804, fruto de la expansión hacia el Oeste
se incorpora a la Unión un nuevo Estado: Ohio. |