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Jorge Rábago -exasesor de Álvaro Uribe Vélez- es experto en
Comunicación Política. Ha trabajado con el Partido Popular
en España y con diversas campañas electorales en
Latinoamérica. En la charla que dictó en la Universidad de
La Sabana abordó distintos rasgos de la comunicación en las
campañas, a la luz de la técnica y la moral. Según lo
afirma: “La comunicación es pura estrategia”.
Cómo empezó todo
Nosotros arrancamos desde la Universidad, cuando era
estudiante. Cuando empecé a trabajar para el Partido
Popular, allá por el año 88, un magnífico profesor -José
Carlos García Fajardo- de la Universidad Complutense de
Madrid decidió montar un departamento muy especializado de
comunicaciones.
En verdad no lo hizo para el Partido Popular sino
precisamente para la COE. Aquello más o menos funcionó y
decidió hacer entonces lo mismo y montar un departamento
dedicado a la formación de portavoces en el Partido Popular;
básicamente lo que hacíamos era media training. ¿Por
qué en el Partido Popular? Este hecho fue circunstancial,
porque García tenía entonces más cercanía con aquel Partido;
así pues, llamó a alumnos muy dispares, pues uno venía de la
Facultad de Historia y yo venía por ejemplo de la Facultad
de Arquitectura; estaba estudiando periodismo mientras
estudiaba sociología y diseño también. He sido bastante mal
estudiante y me ha dado por picotear todo tipo de carreras:
física, arquitectura, sociología, periodismo, diseño…. Me ha
dado por hacer todo tipo de tonterías en la vida, pero al
final me he dado cuenta de que casi todo vale porque cada
tema me ha aportado algo para el desempeño de una carrera
que adoro, que es la de Consultor de Comunicaciones.
Desde ahí formamos ese departamento para el Partido Popular
y, aunque no teníamos militancia, debo decir que yo me
sentía muy cómodo trabajando porque es, además, el Partido
para el que trabajo hoy; mi oficina está dentro del seno del
propio Partido Popular, en el edificio del Partido ubicado
en la calle Génova en Madrid.
Desde ahí arrancamos haciendo campañas y preparando
candidatos. Éramos muy jóvenes y recuerdo por ello muchos
sufrimientos. El Partido en aquel entonces se llamaba
Alianza Popular y tenía unos "cuadros" políticos bastante
formados, a decir verdad. Eran personajes de otro tiempo con
una trayectoria personal, política e intelectual bastante
importante, que se sentaban a la mesa con unos críos o
chavalillos -nosotros- que teníamos apenas veinte y pico de
años y que estábamos con personajes mucho mayores que eran
magistrados de la Audiencia Nacional o ingenieros de caminos
con doctorados en Harvard. Aquello nos costó bastante porque
nos miraban con cara de "y estos chiquillos qué no van a
enseñar".
Inicialmente conseguimos que la gente nos respetara porque
efectivamente contribuíamos con un tema del cual ellos
realmente sabían poco. Además no nos metíamos en política,
sino estrictamente con lo que tenía que ver con
comunicación.
Después me dio por hacer campañas en el extranjero, primero
en Inglaterra, Francia y todo el continente europeo (más que
haciendo campañas, participando con equipos de campaña) y
confieso que me aburrí terriblemente. Las campañas en Europa
son muy aburridas porque no hay grandes sorpresas. En una
campaña europea casi aciertas el resultado en un 98%; son
campañas mucho más cortas y de menos impacto, son sistemas
diferentes, no son tan personalistas ni presidencialistas
(incluso cuando los hay, en el caso francés), son sistemas
más basados en listas y en los partidos, y por tanto la
capacidad de maniobra es un poco mejor, por ser un poco más
pequeña que en el resto del mundo.
Este es un mundo apasionante, en el que por el simple hecho
de poder trabajar ya está pagado, pero que también tiene
muchas situaciones duras y de estrés.
Después me dio por hacer campañas en Latinoamérica, en el
entorno Iberoamericano. Por alguna razón arranqué "por la
parte de atrás", es decir haciendo campañas pequeñas, y
luego tuve la suerte de trabajar en campañas bastante más
grandes como la de Andrés Pastrana, porque Colombia es una
de las grandes campañas que hay en Latinoamérica, junto a
las campañas de México, Argentina, Chile y Venezuela. Tuve
la oportunidad de hacer esas campañas y una me llevó a la
otra y luego a otra, y al final me he pasado los últimos
años de mi vida haciendo campañas, en gran medida por aquí,
y la otra parte por supuesto en España; en los ratos en que
no hay una campaña electoral en España, me vengo para alguna
otra parte del mundo a hacer otra.
Moralidad, principios e impedimentos
Confieso que no es nada fácil entrar en el mundo de las
campañas electorales; es un mundo muy cerrado. No quiero
desanimar a nadie que algún día quiera trabajar en esto,
pero sí es verdad que es un mundo muy cerrado y bastante
endogámico, en el que se ponen muchos recelos a que entren
personas nuevas. Además, en la parte comercial, es verdad
que se mueve mucho dinero y así los asesores "contra menos,
mejor", porque así hay menos qué repartir (esto es como todo
en la vida). Sin embargo, se puede entrar; yo tuve la suerte
de entrar a través de los partidos políticos, en
colaboración de partidos hermanos como fue el Partido
Popular.
Si a alguien la preocupa el tema moral de pertenecer a un
Partido, yo diría que evidentemente todos tenemos nuestra
forma de pensar, nuestra ideología, compartimos los
principios defendidos por unos y otros partidos, pero eso no
te excluye de poder trabajar para uno u otro.
En España me sería imposible trabajar para un Partido y para
el de al lado, porque lógicamente has logrado algún grado de
confianza con uno de ellos como para irte al otro a
trabajar. Pero fuera de España he trabajado para la
Socialdemocracia (que serían los partidos que están dentro
de la Internacional Socialista), y sin ir más lejos he
trabajado para Pastrana y para Uribe, quienes son, por lo
menos en origen, de partidos contrarios (Uribe venía del
Partido Liberal y Pastrana del Conservador). Siempre he
mantenido un único principio: trabajar para aquellas
personas en las que creo y que defienden ideas, no
necesariamente iguales a las mías, pero a las que sí me
siento próximo.
Los únicos impedimentos que en mi vida profesional me he
puesto son: no trabajar para los comunistas porque no creo
en el comunismo, y al no creer en él no tiene sentido
trabajar en algo en lo que no creo, y evidentemente no
trabajar en aquellas campañas que de alguna manera traspasan
las leyes de cada país. En el momento en que una campaña
electoral para la que yo trabajo transgrede la legalidad del
país, inmediatamente la abandono.
Apuntes sobre el manejo de imagen en la campaña electoral
Quiero hacer algunos pequeños apuntes para dejar sobre el
tablero:
1.
Las sociedades están cambiando y han cambiado ya. De alguna
manera provenimos de una sociedad que no tiene nada que ver
con la que es ahora. Nuestra sociedad era conceptual y de
repente nos pasamos a una puramente audiovisual. Depende de
los países, pero en general la generación del 50-60 para
arriba es audiovisual y masajeada de una manera
espectacular. Prácticamente hemos nacido delante de un
televisor. La televisión es muy antigua; nace en los años 20
pero por el problema de las guerras se tuvieron que
paralizar aquellos experimentos que se hacían en la Royal
Society of London. Finalmente el proyecto se desarrolló
hacia los años 40 y se implantó en Estados Unidos hacia los
años 50, y se masificó ya para los años 70. La prueba de eso
fueron los 4 debates de Nixon y Kennedy que ya para 1960
pudieron ver 80 millones de norteamericanos.
Desde entonces hemos sido educados por la pantalla de
televisor de 625 líneas en principio (ahora todas son de
plasma y digitales). Una sociedad masajeada por la imagen ha
simplificado la forma de ver la política, porque hoy en día
no hay campaña electoral que no pase por la televisión. A
pesar de las nuevas tecnologías y del Internet, la política
sigue pasando en gran medida por la televisión, y por tanto,
por los códigos de la televisión y de la imagen.
Hay campañas de las que nadie sabe y nadie es capaz de decir
lo que están ofreciendo los candidatos, pero sin embargo sí
saben reconocerle perfectamente, saben cómo habla, más o
menos saben qué tipo de sentimientos representa, y sin
embargo no conocen ni media palabra de su programa. Esto
podrá gustarnos más o menos, pero es una realidad que está
ahí y por tanto sería bastante estúpido que los que nos
dedicamos a asesorar no lo tuviéramos en cuenta. Por eso
muchos de los que hacemos el trabajo de asesores y
consultores de comunicación nos ocupamos obsesivamente de
esos pequeños detalles que tienen que ver con el mundo de la
imagen y de la televisión.
Yo no creo demasiado en eso de las corbatas. No creo que la
corbata o el saco te hagan ganar un debate, ni que alguna
vestimenta te haga perderlo (en condiciones normales, porque
si el día de las elecciones decides vestirte como payaso con
una nariz roja, pues sí es muy posible que no ganes las
elecciones).
La apariencia física tiene el valor que tiene, pero no el
que muchas veces se dice… que si fulanito ganó por el traje,
el saco o el terno que llevaba. De verdad, Nixon no perdió
las elecciones por el traje gris que llevaba y Kennedy no
las ganó porque llevase un terno azul marino. Nixon tampoco
perdió las elecciones porque estuviera mal afeitado y
Kennedy tuviera una sonrisa profident. Eso es llevar
al extremo el valor de la imagen y la imagen vale lo que
vale, pero tampoco vale tanto como para ser lo definitivo en
una campaña electoral.
2.
También ha cambiado en las campañas electorales el referente
de los electores. Los electores hoy en día no demandan
exactamente lo que demandaban antes. Hoy están demandando un
político mucho más personalista, un político con el que se
puedan identificar, candidatos que puedan reconocerse en
ellos mismos. Por eso se habla de la proximidad y cercanía
de un candidato.
Hemos pasado de aquellas sociedades en las que el peso de
los partidos era espectacular al surgimiento de unos
personajes que están por encima de los partidos. Lo habéis
visto aquí hace poco… el caso de Álvaro Uribe es un caso
singular…. No era nuevo porque ya había pasado con Vicente
Fox.
A mí me sorprendió aquella campaña electoral en la que un
personaje llamado Vicente Fox generaba una corriente
suprapartidista (más allá del propio partido), que estaba
avalada por un partido tradicional como el PAN, pero sin
embargo se fue mucho más allá con otra plataforma que se
llamó "amigos de Fox" y con esa plataforma le ganó a un PRI
instalado en el poder hacía 71 años, desde el año 29.
Pastrana hizo algo parecido. No sólo representaba al Partido
Conservador, sino a una Nueva Fuerza Democrática.
Este fenómeno no quiere decir que los partidos no cuenten.
Yo soy uno de los mayores defensores de los partidos
políticos, y los defiendo porque creo que casualmente allí
donde he trabajado y había estabilidad partidista, hay
estabilidad institucional. Allí donde hay un desastre de
partidos (donde nacen, mueren, se reproducen y vuelven a
nacer), suele haber bastante desastre político. Por eso soy
un defensor de los partidos políticos, porque es cierto que
generan normalmente estabilidad en la estabilidad y en los
sistemas electorales.
Con esto de que hay ciertos personalismos en las votaciones
presidenciales, no quiere decir que los precios de los
partidos políticos no valgan nada; lo que pasa es que, a mi
modo de ver, lo que los partidos tienen que hacer es
aprender la lección. Tienen que convertirse en algo más que
una maquinaria electoral.
Un partido tiene que parecerse cada vez más a una ONG; es
decir, tiene que ser un partido cada vez más abierto a la
sociedad, en el que haya un permanente entrar y salir de
personas. Lo que no puede ser un partido es una especie de
oligarquía o club de personas que se reúnen sólo en tiempo
electoral, ponen en marcha sus poderosas maquinarias
electorales, acaba la campaña, y desaparecen. Si para algo
vale un partido político, es para el sostenimiento de
proyectos a largo plazo. Por eso valen los partidos, porque,
independientemente de las personas, sostienen y sustentan
valores, ideas y proyectos a mediano y largo plazo.
No obstante, en la mayoría de países se ha provocado una
aversión a los partidos políticos que ha generado la
búsqueda de ciertos liderazgos y personalismos y por tanto
de ciertos personajes muy atractivos para ser votados. Ese
tipo de personalismos, llevados al extremo, pueden también
provocar ciertos personajes histriónicos (de los que no voy
a decir nombres, evidentemente por respeto, pero que estoy
seguro que todos tenéis en la mente) o "mini reyezuelos" que
terminan haciendo de países casi sus cortijos, o
sencillamente acabándolos.
A partir de esto estamos manejando campañas (incluso en
Europa donde hay sistemas partidistas y no personalistas) en
búsqueda de líderes que sean capaces de vender, transmitir,
empatizar (conectarse emocionalmente con el público) y
finalmente ser electos.
Dicho esto, sí me gustaría que, ahora que me estoy poniendo
como muy serio y no me gusta nada, seáis vosotros los que me
hagáis preguntas y habléis más que yo, porque yo ya estoy
bastante cansado de escucharme. Preguntadme, pues se me saca
mucho más de las preguntas, que de lo que os pueda contar
ahora.
- ¿Qué tanto se debe la conexión emocional del candidato con
el público a técnicas de comunicación política, y qué tanto
a su naturaleza o personalidad?
Le contesto en términos taurinos: ¿El torero nace, o se
hace? Pues el torero se hace, pero si nace, pues mucho
mejor. Me explico: casi todo se aprende en esta vida, pero
si en tu propia naturaleza tienes mañas o capacidades, pues
eres un maestro del toreo.
- ¿Puede un candidato ganar unas elecciones sin capacidades
mediáticas?
Sí, sin duda, porque una campaña electoral es una campaña de
comunicación y la comunicación es pura estrategia; 100%
estrategia. Entonces a falta de un buen comunicador, lo que
puedo tener es una magnífica estrategia.
No quiero ser ofensivo con este ejemplo, pero De La Rúa ganó
en Argentina porque decía: "Dicen que soy un hombre
aburrido", y aún así ganó las elecciones. Desde luego se
pueden ganar elecciones sin ser especialmente carismático,
pero eso que se llama "carisma" ayuda, y mucho.
Evidentemente, no se puede fingir lo que uno no es. No hay
nada peor que el candidato impostor que no representa a sí
mismo. La mayoría de los votantes tiene una capacidad
espectacular para percibir la falsedad, y todos nosotros
cuando nos ponemos delante de un televisor tenemos ese sexto
sentido que nos hace pensar: "Pero hay algo que no me gusta
de este tipo".
Normalmente ahí está esa falsedad y por tanto yo estoy
plenamente en contra de inventar o fabricar candidatos; por
el contrario, hay que potenciar los valores que cada
candidato tiene, de acuerdo a una estrategia que concuerde
con las necesidades electorales que en ese momento el
público está demandando. Ese es el arte de encajar todas las
piezas. Desde luego la autenticidad es, en política, un
valor muy grande. Lo habéis visto aquí. Antanas Mockus es un
personaje auténtico. No quiere decir que ahora todos nos
bajemos los pantalones en la universidad, le tiremos el vaso
de agua al de al lado o nos casemos en un circo, pero sin
duda Mockus era auténtico.
- ¿Cómo considera usted que el presidente Uribe maneja su
imagen y visibilidad, y cuál es la estrategia que está
tratando de emplear?
Yo he sido asesor de Uribe y no creo que sea el más indicado
para hablar de Uribe, y aunque lo fuera, me lo tendría que
callar….Pero vamos a ver…. Uribe siempre ha manejado su
imagen desde su propia personalidad; es decir, intervenir en
la imagen de Uribe os puedo asegurar que no es nada fácil,
porque él es un tipo con una personalidad muy, muy potente,
y además hacen bien en mantenerla.
Prueba de ello es que le ha funcionado muy bien y ha ganado
dos elecciones. Qué más quisiera yo que otros candidatos
pudieran ganar dos elecciones como él. Álvaro Uribe tiene
una personalidad, para mí, arrolladora, y en cuanto más se
la conoce, pues más arrolladora es. Y más no puedo decir.
- El discurso de un candidato debe ser siempre coherente.
¿Ustedes trabajan en conjunto con los que hacen los
discursos y hacen la parte oral?
Sí, y ya que estamos en la universidad, aprovecho para echar
una pequeña leccioncilla teórica. Cuando hablamos de imagen,
desde el punto de vista técnico y científico, hablamos de
proyección.
Hablamos de proyección en dos dimensiones: una que proyecta
lo cognitivo, el discurso, lo que soy, lo que se cree que
represento, mis deseos, inquietudes, etc… y otra que
proyecta lo iconográfico y lo que se muestra a través de las
percepciones (tacto, vista, ropaje, forma de expresarnos,
apariencia, forma de hablar, dejes, olor...).
Fijaos en una cosa tonta: hay mucha gente que sólo con darle
la mano y acercarse a una persona, sin saber absolutamente
nada de ella, ya le parece una persona de una manera o de
otra. Seguimos siendo animales en gran parte.
Desde el punto de vista del control y manejo de imagen, lo
importante es que esas dos proyecciones vayan en la misma
dirección. Si no van en la misma dirección, se provoca una
disonancia cognitiva que en términos prácticos genera un
rechazo por parte del público.
Muchas veces rechazamos las cosas y no sabemos por qué, y es
porque se está provocando una disonancia. Lo que yo estoy
viendo y percibiendo no coincide con lo que me está diciendo
con la palabra… ¡TENEMOS QUE SER SENCILLOS, PACÍFICOS!
(grita) ¿me creeríais? No. Que un tío, de repente,
histriónico, alocado, está diciendo que tiene que ser
pacífico y parece que me va a dar un guantazo en cuanto se
baje de aquí de la mesa… eso es una disonancia y eso pasa en
política, fuera de la broma ésta…
Si os fijáis, veréis que Hugo Chávez maneja muy bien esa
dualidad discursiva. Yo no sé si de manera aprendida o
intuitivamente, maneja muy bien el discurso verbal y el no
verbal en momentos determinados. Además él a veces maneja la
ambigüedad y colisión para provocar cierta reacción del
público, y después hacer una imagen cariñosa y protectora.
En ese sentido es un gran manejador de personas.
- ¿Existe un parámetro en el que se pueda definir a un
político como sabio, amigo o héroe?
Pues me obligas a contar un rollo que me divierte contar, y
como es una tesis mía, pues te la voy a contar. La gran
pregunta para los que nos dedicamos a esto (pregunta que
nunca nos contestamos) es: ¿qué busca el votante en el líder
o candidato a la presidencia? O, ¿cuál sería el candidato
ideal?
Yo he llegado a la conclusión de que lo que se buscó en un
primer momento en un líder fue la sabiduría. Respondía de
alguna manera a una corriente muy marcada desde hacía mucho
tiempo (desde 4 siglos antes de Cristo hasta el siglo XIX)
que consistía en la creencia platónica de que el sabio es el
llamado a ser gobernante. Esto, de alguna manera, tenía
cierta lógica, ya que los pueblos reaccionaban frente a los
líderes en la medida en que éstos fueran sabios, porque se
sabían no sabios, de manera que buscaban a alguien sabio que
pudiera resolver los problemas que yo no soy capaz de
resolver.
¿Y quién era hombre sabio? Según la definición del propio
Platón, sabio era aquel que tenía el conocimiento a través
de la formación, el estudio o la experiencia. Se buscaban
personajes de un corte intelectual bastante fuerte. Gente
con una preparación espectacular.
Después se sigue buscando al hombre sabio como líder, pero
se le añade otra característica que yo he llamado "el líder
héroe". En el período de entreguerras, cuando hay una
tensión y un miedo a que pueda ocurrir una nueva guerra, el
votante empieza a buscar a alguien con fortaleza y firmeza
que sea capaz de convertirse en jefe supremo de las fuerzas
armadas si en un momento determinado hace falta. Aparecieron
personajes del corte de Eisenhower, De Gaulle, Churchill,
recubiertos de cierta heroicidad o fortaleza. Más hacia los
años 70-80 aparece un nuevo modelo de político que los
norteamericanos han llamado el político show man.
Parecía que la sabiduría y la heroicidad contaban un poco
menos, y lo que había que ser era un hombre mediático 100%.
Ser capaz de estar frente a un televisor, mirar a una cámara
y convencer a los cientos de miles de votantes a los cuales
me estoy dirigiendo. El político show man por
excelencia es Jhon Fitzgerald Kennedy.
Por último entramos en una era a partir de los 90, que trae
el político que yo llamaría -un poco desacertadamente- el
político de los iguales. Aparentemente el político que es
capaz de mostrarse como igual es, en potencia, el que es
capaz de ganar elecciones. Son personajes que se identifican
con los pueblos. Buscan elementos de identidad. Por ejemplo
el Cholo Toledo (y lo digo con respeto porque decir cholo no
es ofensivo) buscaba con eso del "cholo" la identidad de un
pueblo en un pueblo que en su mayoría es de origen indígena,
por lo tanto conectaba muy bien con eso y buscaba elementos
de identidad con ese pueblo a través de gestos y cosas
ancestrales relacionadas con la cultura peruana.
Hoy estamos en otra fase diferente que yo intentaré algún
día definir. El día que lo descubra sabré ganar elecciones
sí o sí.
- ¿Cómo se puede evitar que el éxito de una campaña política
se convierta en fanatismo? Considero que eso pasa en el caso
de nuestro presidente Álvaro Uribe…
Das por hecho que las campañas políticas se convierten en
fanatismo… Yo creo que las campañas en las que pasa eso son
las menos… es muy difícil abstraerse de los efectos del
poder. Es decir, conseguir ser totalmente ajeno a lo que
significa el poder y el entorno permanente de adulación, a
veces de pleitesía, es muy difícil. Precisamente por eso hay
presidentes con mucha inteligencia que lo que tienen es
pequeños satélites fuera del entorno político que les
amarran a la tierra, para que en ningún momento pierdan la
noción de la realidad.
Hay un personaje para el que trabajé, que ya murió y ha sido
denostado, que tenía un amigo íntimo que era el que siempre
le traía a la tierra y al mundo de los vivos. Fue un
presidente que no cambió y fue siempre el mismo, y en ese
sentido yo creo que es bueno tener ese tipo de lazos ajenos
a la política y al poder, que en un momento determinado te
digan "oye, te estás volviendo un imbécil integral, o un
gilipollas o deja de hacer esto", pero en un principio yo no
creo que el poder por el poder se convierta en fanatismo.
Sinceramente he trabajado en muchas campañas y no he
percibido eso. Hay algunos que sí, no te digo que no, pero
eso es un problema de la mente de los políticos y no un
problema de la política.
- ¿Cómo
las encuestas pueden cambiar el rumbo de una campaña
política? ¿Hacen que el candidato pierda credibilidad o lo
ayudan?
Siendo
sincero, lamentablemente las encuestas se utilizan de forma
muy perversa en algunos países; no se habla tanto de que una
encuesta pueda hacer realmente perder a un candidato, pero
una encuesta manejada intencionadamente hace mucho daño. En
primer lugar, hace mucho daño en la parte económica, porque
si eres un candidato perdedor, pues nadie invierte en ti. Yo
he sufrido en algunas campañas electorales en las cuales las
encuestas nos “tiraban” al piso totalmente, por lo cual no
recaudábamos plata. Si todo el mundo piensa que eres el
último de la fila, nadie piensa invertir en ti; aún cuando
nosotros estuviéramos convenidos de tener un porcentaje
mayor del que nos estaban diciendo las encuestas, acabábamos
haciendo las encuestas nosotros mismos.
Por eso yo soy cada día más partidario de no
hacer encuestas de intención de voto. Valdría la pena más
hacer encuestas de investigación de mercados -focus group,
tracking polls, rolling polls, paneles-. Ahora
bien, en muchos países las encuestas las hacen auténticos
profesionales que no permiten manipulación alguna y lo que
se publica es bastante cierto. ….
Las
encuestas también pueden afectar en la parte de la
movilización, porque evidentemente si en una encuesta estás
de último, cuando tú crees que en realidad vas en segundo
lugar, el electorado se va a desmotivar mucho.
Hubo una
campaña muy bonita que hicimos en un país próximo a
Colombia. Las encuestas eran muy bajas y no teníamos
credibilidad ni plata, así que nos inventamos algo muy
simpático llamado las “encuestas de carne y hueso”. Salimos
a la calle en forma masiva y organizamos actos de campaña,
mítines -que por cierto no son muy típicos de estas
latitudes-, y logramos meter a 450.000 personas en una
plaza. A eso llamábamos las encuestas de carne y hueso. Debo
decir que perdimos las elecciones, pero gracias a este
método pudimos demostrar que éramos los terceros, y no los
últimos.
-
Independientemente del candidato, ¿qué tanto importa el
clima de opinión o la coyuntura, y cómo se evalúa eso antes
de iniciar la campaña?
La
coyuntura es básica en una campaña electoral. Cuando tú te
planteas una campaña, hay tres puntos básicos: el candidato,
el proyecto político y la coyuntura. Todo tiene que casar.
Si la coyuntura exige un personaje de fuerza, pues el
candidato tiene que mostrar esa fortaleza. El proyecto tiene
que ser muy sólido y mostrar cierta fuerza. Eso pasó aquí
hace no mucho. Lo importante es casar bien esos tres
elementos.
- En la
asesoría a los candidatos, ¿sólo se atiende la campaña o hay
un seguimiento de campaña como en el caso del presidente
Uribe que se encuentra en campaña permanente? ¿Desde las
oficinas de asesoría se evalúa el impacto que pueden tener
estas campañas permanentes en detrimento de algunas
instituciones?
Primero
que todo, quiero aclarar que yo fui asesor de Álvaro Uribe
durante su campaña electoral, pero no soy asesor suyo en la
actualidad. De hecho yo no participo nunca en los gobiernos,
porque no me gusta. No me gusta porque me considero incapaz
de administrarme a mí mismo, como para administrar otras
instituciones (salvo en situaciones de crisis).
Con
respecto a la pregunta, sí digo que un gobierno se debe
manejar desde el punto de vista de la comunicación, como si
estuviera en campaña permanente. Cuando hay reelecciones,
evidentemente de alguna manera estás en campaña electoral.
Eso es algo natural de lo que no nos debemos asustar. Hay
muchas administraciones que pretenden anular el sistema de
reelección. Yo no creo en eso, porque si se busca generar
condiciones iguales para todos los candidatos, se termina
haciendo una política de “parcheo”. Sin particularizar en el
caso colombiano, yo creo en la reelección por principio, por
una razón muy simple: porque en cualquier país de tamaño
considerable en el que quieras hacer un proyecto de
infraestructuras, se necesitan períodos de tiempo de 8 a 10
años. ¿Quién va a querer proyectar algo a 8 años si sólo va
a servir políticamente 4?
Si el
dirigente confiara en que su sucesor va a seguir con el
proyecto, a lo mejor éste no cree en el proyecto y no le
hace seguimiento. Por eso creo en las reelecciones, porque
generan verdaderos cambios estructurales en los países.
Respeto las legislaciones, pero no estoy de acuerdo con la
prohibición de que un presidente sea candidato.
Efectivamente si un presidente ha hecho las cosas bien
tendrá ventaja, elemento que de hecho mejorará las
oposiciones (el candidato opositor a un candidato presidente
tendrá que superar su proyecto político).
- ¿Qué
tanto se explota la vida privada de los candidatos en las
campañas con el fin de obtener votos? Ya que usted conoce
cómo funciona Uribe dentro de las campañas, ¿considera que
está en campaña actualmente?
Silencio… risas….) No voy a responder a la pregunta de
Uribe. Es muy probable que ya te haya contestado con lo que
he dicho antes. Respecto a la primera pregunta, debo decir
con cierta pena que un candidato no tiene vida privada, más
allá de lo que es estrictamente de intimidad personal. La
vida personal de los presidentes al final se convierte en la
vida pública. ¿Te imaginas tener a un presidente que pega a
su esposa? Un presidente que pega a su esposa tiene todos
los visos de ser un mal presidente, porque en un principio
es mala persona.
La razón
por la cual el público busca algo en la personalidad de esos
candidatos es porque busca un referente para poder votar.
Parece que los referentes ideológicos se han desdibujado -ya
no hay derechas e izquierdas muy claramente definidas- y los
votantes buscan referentes en los rasgos personales de los
candidatos.
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