Copyright © 2009 - Facultad de Comunicación
Universidad de La Sabana - Chía, Colombia
Contáctenos
Prohibida cualquier reproducción total o parcial del contenido
de este sitio sin permiso de los autores.

 

 

 

 
 
 
 

 

 
 
 

 

Apuntes sobre comunicación política con Jorge Rábago

Jorge Rábago -exasesor de Álvaro Uribe Vélez- es experto en Comunicación Política. Ha trabajado con el Partido Popular en España y con diversas campañas electorales en Latinoamérica. En la charla que dictó en la Universidad de La Sabana abordó distintos rasgos de la comunicación en las campañas, a la luz de la técnica y la moral. Según lo afirma: “La comunicación es pura estrategia”.  

Cómo empezó todo

Nosotros arrancamos desde la Universidad, cuando era estudiante. Cuando empecé a trabajar para el Partido Popular, allá por el año 88, un magnífico profesor -José Carlos García Fajardo- de la Universidad Complutense de Madrid decidió montar un departamento muy especializado de comunicaciones.

En verdad no lo hizo para el Partido Popular sino precisamente para la COE. Aquello más o menos funcionó y decidió hacer entonces lo mismo y montar un departamento dedicado a la formación de portavoces en el Partido Popular; básicamente lo que hacíamos era media training. ¿Por qué en el Partido Popular? Este hecho fue circunstancial, porque García tenía entonces más cercanía con aquel Partido; así pues, llamó a alumnos muy dispares, pues uno venía de la Facultad de Historia y yo venía por ejemplo de la Facultad de Arquitectura; estaba estudiando periodismo mientras estudiaba sociología y diseño también. He sido bastante mal estudiante y me ha dado por picotear todo tipo de carreras: física, arquitectura, sociología, periodismo, diseño…. Me ha dado por hacer todo tipo de tonterías en la vida, pero al final me he dado cuenta de que casi todo vale porque cada tema me ha aportado algo para el desempeño de una carrera que adoro, que es la de Consultor de Comunicaciones.

Desde ahí formamos ese departamento para el Partido Popular y, aunque no teníamos militancia, debo decir que yo me sentía muy cómodo trabajando porque es, además, el Partido para el que trabajo hoy; mi oficina está dentro del seno del propio Partido Popular, en el edificio del Partido ubicado en la calle Génova en Madrid.

Desde ahí arrancamos haciendo campañas y preparando candidatos. Éramos muy jóvenes y recuerdo por ello muchos sufrimientos. El Partido en aquel entonces se llamaba Alianza Popular y tenía unos "cuadros" políticos bastante formados, a decir verdad. Eran personajes de otro tiempo con una trayectoria personal, política e intelectual bastante importante, que se sentaban a la mesa con unos críos o chavalillos -nosotros- que teníamos apenas veinte y pico de años y que estábamos con personajes mucho mayores que eran magistrados de la Audiencia Nacional o ingenieros de caminos con doctorados en Harvard. Aquello nos costó bastante porque nos miraban con cara de "y estos chiquillos qué no van a enseñar".

Inicialmente conseguimos que la gente nos respetara porque efectivamente contribuíamos con un tema del cual ellos realmente sabían poco. Además no nos metíamos en política, sino estrictamente con lo que tenía que ver con comunicación.

Después me dio por hacer campañas en el extranjero, primero en Inglaterra, Francia y todo el continente europeo (más que haciendo campañas, participando con equipos de campaña) y confieso que me aburrí terriblemente. Las campañas en Europa son muy aburridas porque no hay grandes sorpresas. En una campaña europea casi aciertas el resultado en un 98%; son campañas mucho más cortas y de menos impacto, son sistemas diferentes, no son tan personalistas ni presidencialistas (incluso cuando los hay, en el caso francés), son sistemas más basados en listas y en los partidos, y por tanto la capacidad de maniobra es un poco mejor, por ser un poco más pequeña que en el resto del mundo.

Este es un mundo apasionante, en el que por el simple hecho de poder trabajar ya está pagado, pero que también tiene muchas situaciones duras y de estrés.

Después me dio por hacer campañas en Latinoamérica, en el entorno Iberoamericano. Por alguna razón arranqué "por la parte de atrás", es decir haciendo campañas pequeñas, y luego tuve la suerte de trabajar en campañas bastante más grandes como la de Andrés Pastrana, porque Colombia es una de las grandes campañas que hay en Latinoamérica, junto a las campañas de México, Argentina, Chile y Venezuela. Tuve la oportunidad de hacer esas campañas y una me llevó a la otra y luego a otra, y al final me he pasado los últimos años de mi vida haciendo campañas, en gran medida por aquí, y la otra parte por supuesto en España; en los ratos en que no hay una campaña electoral en España, me vengo para alguna otra parte del mundo a hacer otra.

 

Moralidad, principios e impedimentos

Confieso que no es nada fácil entrar en el mundo de las campañas electorales; es un mundo muy cerrado. No quiero desanimar a nadie que algún día quiera trabajar en esto, pero sí es verdad que es un mundo muy cerrado y bastante endogámico, en el que se ponen muchos recelos a que entren personas nuevas. Además, en la parte comercial, es verdad que se mueve mucho dinero y así los asesores "contra menos, mejor", porque así hay menos qué repartir (esto es como todo en la vida). Sin embargo, se puede entrar; yo tuve la suerte de entrar a través de los partidos políticos, en colaboración de partidos hermanos como fue el Partido Popular.

Si a alguien la preocupa el tema moral de pertenecer a un Partido, yo diría que evidentemente todos tenemos nuestra forma de pensar, nuestra ideología, compartimos los principios defendidos por unos y otros partidos, pero eso no te excluye de poder trabajar para uno u otro.

En España me sería imposible trabajar para un Partido y para el de al lado, porque lógicamente has logrado algún grado de confianza con uno de ellos como para irte al otro a trabajar. Pero fuera de España he trabajado para la Socialdemocracia (que serían los partidos que están dentro de la Internacional Socialista), y sin ir más lejos he trabajado para Pastrana y para Uribe, quienes son, por lo menos en origen, de partidos contrarios (Uribe venía del Partido Liberal y Pastrana del Conservador). Siempre he mantenido un único principio: trabajar para aquellas personas en las que creo y que defienden ideas, no necesariamente iguales a las mías, pero a las que sí me siento próximo.

Los únicos impedimentos que en mi vida profesional me he puesto son: no trabajar para los comunistas porque no creo en el comunismo, y al no creer en él no tiene sentido trabajar en algo en lo que no creo, y evidentemente no trabajar en aquellas campañas que de alguna manera traspasan las leyes de cada país. En el momento en que una campaña electoral para la que yo trabajo transgrede la legalidad del país, inmediatamente la abandono.

 

Apuntes sobre el manejo de imagen en la campaña electoral

Quiero hacer algunos pequeños apuntes para dejar sobre el tablero:

1. Las sociedades están cambiando y han cambiado ya. De alguna manera provenimos de una sociedad que no tiene nada que ver con la que es ahora. Nuestra sociedad era conceptual y de repente nos pasamos a una puramente audiovisual. Depende de los países, pero en general la generación del 50-60 para arriba es audiovisual y masajeada de una manera espectacular. Prácticamente hemos nacido delante de un televisor. La televisión es muy antigua; nace en los años 20 pero por el problema de las guerras se tuvieron que paralizar aquellos experimentos que se hacían en la Royal Society of London. Finalmente el proyecto se desarrolló hacia los años 40 y se implantó en Estados Unidos hacia los años 50, y se masificó ya para los años 70. La prueba de eso fueron los 4 debates de Nixon y Kennedy que ya para 1960 pudieron ver 80 millones de norteamericanos.

Desde entonces hemos sido educados por la pantalla de televisor de 625 líneas en principio (ahora todas son de plasma y digitales). Una sociedad masajeada por la imagen ha simplificado la forma de ver la política, porque hoy en día no hay campaña electoral que no pase por la televisión. A pesar de las nuevas tecnologías y del Internet, la política sigue pasando en gran medida por la televisión, y por tanto, por los códigos de la televisión y de la imagen.

Hay campañas de las que nadie sabe y nadie es capaz de decir lo que están ofreciendo los candidatos, pero sin embargo sí saben reconocerle perfectamente, saben cómo habla, más o menos saben qué tipo de sentimientos representa, y sin embargo no conocen ni media palabra de su programa. Esto podrá gustarnos más o menos, pero es una realidad que está ahí y por tanto sería bastante estúpido que los que nos dedicamos a asesorar no lo tuviéramos en cuenta. Por eso muchos de los que hacemos el trabajo de asesores y consultores de comunicación nos ocupamos obsesivamente de esos pequeños detalles que tienen que ver con el mundo de la imagen y de la televisión.

Yo no creo demasiado en eso de las corbatas. No creo que la corbata o el saco te hagan ganar un debate, ni que alguna vestimenta te haga perderlo (en condiciones normales, porque si el día de las elecciones decides vestirte como payaso con una nariz roja, pues sí es muy posible que no ganes las elecciones).

La apariencia física tiene el valor que tiene, pero no el que muchas veces se dice… que si fulanito ganó por el traje, el saco o el terno que llevaba. De verdad, Nixon no perdió las elecciones por el traje gris que llevaba y Kennedy no las ganó porque llevase un terno azul marino. Nixon tampoco perdió las elecciones porque estuviera mal afeitado y Kennedy tuviera una sonrisa profident. Eso es llevar al extremo el valor de la imagen y la imagen vale lo que vale, pero tampoco vale tanto como para ser lo definitivo en una campaña electoral.

 

2. También ha cambiado en las campañas electorales el referente de los electores. Los electores hoy en día no demandan exactamente lo que demandaban antes. Hoy están demandando un político mucho más personalista, un político con el que se puedan identificar, candidatos que puedan reconocerse en ellos mismos. Por eso se habla de la proximidad y cercanía de un candidato.

Hemos pasado de aquellas sociedades en las que el peso de los partidos era espectacular al surgimiento de unos personajes que están por encima de los partidos. Lo habéis visto aquí hace poco… el caso de Álvaro Uribe es un caso singular…. No era nuevo porque ya había pasado con Vicente Fox.

A mí me sorprendió aquella campaña electoral en la que un personaje llamado Vicente Fox generaba una corriente suprapartidista (más allá del propio partido), que estaba avalada por un partido tradicional como el PAN, pero sin embargo se fue mucho más allá con otra plataforma que se llamó "amigos de Fox" y con esa plataforma le ganó a un PRI instalado en el poder hacía 71 años, desde el año 29. Pastrana hizo algo parecido. No sólo representaba al Partido Conservador, sino a una Nueva Fuerza Democrática.

Este fenómeno no quiere decir que los partidos no cuenten. Yo soy uno de los mayores defensores de los partidos políticos, y los defiendo porque creo que casualmente allí donde he trabajado y había estabilidad partidista, hay estabilidad institucional. Allí donde hay un desastre de partidos (donde nacen, mueren, se reproducen y vuelven a nacer), suele haber bastante desastre político. Por eso soy un defensor de los partidos políticos, porque es cierto que generan normalmente estabilidad en la estabilidad y en los sistemas electorales.

Con esto de que hay ciertos personalismos en las votaciones presidenciales, no quiere decir que los precios de los partidos políticos no valgan nada; lo que pasa es que, a mi modo de ver, lo que los partidos tienen que hacer es aprender la lección. Tienen que convertirse en algo más que una maquinaria electoral.

Un partido tiene que parecerse cada vez más a una ONG; es decir, tiene que ser un partido cada vez más abierto a la sociedad, en el que haya un permanente entrar y salir de personas. Lo que no puede ser un partido es una especie de oligarquía o club de personas que se reúnen sólo en tiempo electoral, ponen en marcha sus poderosas maquinarias electorales, acaba la campaña, y desaparecen. Si para algo vale un partido político, es para el sostenimiento de proyectos a largo plazo. Por eso valen los partidos, porque, independientemente de las personas, sostienen y sustentan valores, ideas y proyectos a mediano y largo plazo.

No obstante, en la mayoría de países se ha provocado una aversión a los partidos políticos que ha generado la búsqueda de ciertos liderazgos y personalismos y por tanto de ciertos personajes muy atractivos para ser votados. Ese tipo de personalismos, llevados al extremo, pueden también provocar ciertos personajes histriónicos (de los que no voy a decir nombres, evidentemente por respeto, pero que estoy seguro que todos tenéis en la mente) o "mini reyezuelos" que terminan haciendo de países casi sus cortijos, o sencillamente acabándolos.

 

A partir de esto estamos manejando campañas (incluso en Europa donde hay sistemas partidistas y no personalistas) en búsqueda de líderes que sean capaces de vender, transmitir, empatizar (conectarse emocionalmente con el público) y finalmente ser electos.

Dicho esto, sí me gustaría que, ahora que me estoy poniendo como muy serio y no me gusta nada, seáis vosotros los que me hagáis preguntas y habléis más que yo, porque yo ya estoy bastante cansado de escucharme. Preguntadme, pues se me saca mucho más de las preguntas, que de lo que os pueda contar ahora.

 

- ¿Qué tanto se debe la conexión emocional del candidato con el público a técnicas de comunicación política, y qué tanto a su naturaleza o personalidad?

Le contesto en términos taurinos: ¿El torero nace, o se hace? Pues el torero se hace, pero si nace, pues mucho mejor. Me explico: casi todo se aprende en esta vida, pero si en tu propia naturaleza tienes mañas o capacidades, pues eres un maestro del toreo.

 

- ¿Puede un candidato ganar unas elecciones sin capacidades mediáticas?

Sí, sin duda, porque una campaña electoral es una campaña de comunicación y la comunicación es pura estrategia; 100% estrategia. Entonces a falta de un buen comunicador, lo que puedo tener es una magnífica estrategia.

No quiero ser ofensivo con este ejemplo, pero De La Rúa ganó en Argentina porque decía: "Dicen que soy un hombre aburrido", y aún así ganó las elecciones. Desde luego se pueden ganar elecciones sin ser especialmente carismático, pero eso que se llama "carisma" ayuda, y mucho.

Evidentemente, no se puede fingir lo que uno no es. No hay nada peor que el candidato impostor que no representa a sí mismo. La mayoría de los votantes tiene una capacidad espectacular para percibir la falsedad, y todos nosotros cuando nos ponemos delante de un televisor tenemos ese sexto sentido que nos hace pensar: "Pero hay algo que no me gusta de este tipo".

Normalmente ahí está esa falsedad y por tanto yo estoy plenamente en contra de inventar o fabricar candidatos; por el contrario, hay que potenciar los valores que cada candidato tiene, de acuerdo a una estrategia que concuerde con las necesidades electorales que en ese momento el público está demandando. Ese es el arte de encajar todas las piezas. Desde luego la autenticidad es, en política, un valor muy grande. Lo habéis visto aquí. Antanas Mockus es un personaje auténtico. No quiere decir que ahora todos nos bajemos los pantalones en la universidad, le tiremos el vaso de agua al de al lado o nos casemos en un circo, pero sin duda Mockus era auténtico.

 

- ¿Cómo considera usted que el presidente Uribe maneja su imagen y visibilidad, y cuál es la estrategia que está tratando de emplear?

Yo he sido asesor de Uribe y no creo que sea el más indicado para hablar de Uribe, y aunque lo fuera, me lo tendría que callar….Pero vamos a ver…. Uribe siempre ha manejado su imagen desde su propia personalidad; es decir, intervenir en la imagen de Uribe os puedo asegurar que no es nada fácil, porque él es un tipo con una personalidad muy, muy potente, y además hacen bien en mantenerla.

Prueba de ello es que le ha funcionado muy bien y ha ganado dos elecciones. Qué más quisiera yo que otros candidatos pudieran ganar dos elecciones como él. Álvaro Uribe tiene una personalidad, para mí, arrolladora, y en cuanto más se la conoce, pues más arrolladora es. Y más no puedo decir.

 

- El discurso de un candidato debe ser siempre coherente. ¿Ustedes trabajan en conjunto con los que hacen los discursos y hacen la parte oral?

Sí, y ya que estamos en la universidad, aprovecho para echar una pequeña leccioncilla teórica. Cuando hablamos de imagen, desde el punto de vista técnico y científico, hablamos de proyección.

Hablamos de proyección en dos dimensiones: una que proyecta lo cognitivo, el discurso, lo que soy, lo que se cree que represento, mis deseos, inquietudes, etc… y otra que proyecta lo iconográfico y lo que se muestra a través de las percepciones (tacto, vista, ropaje, forma de expresarnos, apariencia, forma de hablar, dejes, olor...).

Fijaos en una cosa tonta: hay mucha gente que sólo con darle la mano y acercarse a una persona, sin saber absolutamente nada de ella, ya le parece una persona de una manera o de otra. Seguimos siendo animales en gran parte.

Desde el punto de vista del control y manejo de imagen, lo importante es que esas dos proyecciones vayan en la misma dirección. Si no van en la misma dirección, se provoca una disonancia cognitiva que en términos prácticos genera un rechazo por parte del público.

Muchas veces rechazamos las cosas y no sabemos por qué, y es porque se está provocando una disonancia. Lo que yo estoy viendo y percibiendo no coincide con lo que me está diciendo con la palabra… ¡TENEMOS QUE SER SENCILLOS, PACÍFICOS! (grita) ¿me creeríais? No. Que un tío, de repente, histriónico, alocado, está diciendo que tiene que ser pacífico y parece que me va a dar un guantazo en cuanto se baje de aquí de la mesa… eso es una disonancia y eso pasa en política, fuera de la broma ésta…

Si os fijáis, veréis que Hugo Chávez maneja muy bien esa dualidad discursiva. Yo no sé si de manera aprendida o intuitivamente, maneja muy bien el discurso verbal y el no verbal en momentos determinados. Además él a veces maneja la ambigüedad y colisión para provocar cierta reacción del público, y después hacer una imagen cariñosa y protectora. En ese sentido es un gran manejador de personas.

 

- ¿Existe un parámetro en el que se pueda definir a un político como sabio, amigo o héroe?

Pues me obligas a contar un rollo que me divierte contar, y como es una tesis mía, pues te la voy a contar. La gran pregunta para los que nos dedicamos a esto (pregunta que nunca nos contestamos) es: ¿qué busca el votante en el líder o candidato a la presidencia? O, ¿cuál sería el candidato ideal?

Yo he llegado a la conclusión de que lo que se buscó en un primer momento en un líder fue la sabiduría. Respondía de alguna manera a una corriente muy marcada desde hacía mucho tiempo (desde 4 siglos antes de Cristo hasta el siglo XIX) que consistía en la creencia platónica de que el sabio es el llamado a ser gobernante. Esto, de alguna manera, tenía cierta lógica, ya que los pueblos reaccionaban frente a los líderes en la medida en que éstos fueran sabios, porque se sabían no sabios, de manera que buscaban a alguien sabio que pudiera resolver los problemas que yo no soy capaz de resolver.

¿Y quién era hombre sabio? Según la definición del propio Platón, sabio era aquel que tenía el conocimiento a través de la formación, el estudio o la experiencia. Se buscaban personajes de un corte intelectual bastante fuerte. Gente con una preparación espectacular.

Después se sigue buscando al hombre sabio como líder, pero se le añade otra característica que yo he llamado "el líder héroe". En el período de entreguerras, cuando hay una tensión y un miedo a que pueda ocurrir una nueva guerra, el votante empieza a buscar a alguien con fortaleza y firmeza que sea capaz de convertirse en jefe supremo de las fuerzas armadas si en un momento determinado hace falta. Aparecieron personajes del corte de Eisenhower, De Gaulle, Churchill, recubiertos de cierta heroicidad o fortaleza. Más hacia los años 70-80 aparece un nuevo modelo de político que los norteamericanos han llamado el político show man. Parecía que la sabiduría y la heroicidad contaban un poco menos, y lo que había que ser era un hombre mediático 100%. Ser capaz de estar frente a un televisor, mirar a una cámara y convencer a los cientos de miles de votantes a los cuales me estoy dirigiendo. El político show man por excelencia es Jhon Fitzgerald Kennedy.

Por último entramos en una era a partir de los 90, que trae el político que yo llamaría -un poco desacertadamente- el político de los iguales. Aparentemente el político que es capaz de mostrarse como igual es, en potencia, el que es capaz de ganar elecciones. Son personajes que se identifican con los pueblos. Buscan elementos de identidad. Por ejemplo el Cholo Toledo (y lo digo con respeto porque decir cholo no es ofensivo) buscaba con eso del "cholo" la identidad de un pueblo en un pueblo que en su mayoría es de origen indígena, por lo tanto conectaba muy bien con eso y buscaba elementos de identidad con ese pueblo a través de gestos y cosas ancestrales relacionadas con la cultura peruana.

Hoy estamos en otra fase diferente que yo intentaré algún día definir. El día que lo descubra sabré ganar elecciones sí o sí.

 

- ¿Cómo se puede evitar que el éxito de una campaña política se convierta en fanatismo? Considero que eso pasa en el caso de nuestro presidente Álvaro Uribe…

Das por hecho que las campañas políticas se convierten en fanatismo… Yo creo que las campañas en las que pasa eso son las menos… es muy difícil abstraerse de los efectos del poder. Es decir, conseguir ser totalmente ajeno a lo que significa el poder y el entorno permanente de adulación, a veces de pleitesía, es muy difícil. Precisamente por eso hay presidentes con mucha inteligencia que lo que tienen es pequeños satélites fuera del entorno político que les amarran a la tierra, para que en ningún momento pierdan la noción de la realidad.

Hay un personaje para el que trabajé, que ya murió y ha sido denostado, que tenía un amigo íntimo que era el que siempre le traía a la tierra y al mundo de los vivos. Fue un presidente que no cambió y fue siempre el mismo, y en ese sentido yo creo que es bueno tener ese tipo de lazos ajenos a la política y al poder, que en un momento determinado te digan "oye, te estás volviendo un imbécil integral, o un gilipollas o deja de hacer esto", pero en un principio yo no creo que el poder por el poder se convierta en fanatismo.

Sinceramente he trabajado en muchas campañas y no he percibido eso. Hay algunos que sí, no te digo que no, pero eso es un problema de la mente de los políticos y no un problema de la política. 

 

- ¿Cómo las encuestas pueden cambiar el rumbo de una campaña política? ¿Hacen que el candidato pierda credibilidad o lo ayudan?

Siendo sincero, lamentablemente las encuestas se utilizan de forma muy perversa en algunos países; no se habla tanto de que una encuesta pueda hacer realmente perder a un candidato, pero una encuesta manejada intencionadamente hace mucho daño. En primer lugar, hace mucho daño en la parte económica, porque si eres un candidato perdedor, pues nadie invierte en ti. Yo he sufrido en algunas campañas electorales en las cuales las encuestas nos “tiraban” al piso totalmente, por lo cual no recaudábamos plata. Si todo el mundo piensa que eres el último de la fila, nadie piensa invertir en ti; aún cuando nosotros estuviéramos convenidos de tener un porcentaje mayor del que nos estaban diciendo las encuestas, acabábamos haciendo las encuestas nosotros mismos.

            Por eso yo soy cada día más partidario de no hacer encuestas de intención de voto. Valdría la pena más hacer encuestas de investigación de mercados -focus group, tracking polls, rolling polls, paneles-. Ahora bien, en muchos países las encuestas las hacen auténticos profesionales que no permiten manipulación alguna y lo que se publica es bastante cierto. ….

Las encuestas también pueden afectar en la parte de la movilización, porque evidentemente si en una encuesta estás de último, cuando tú crees que en realidad vas en segundo lugar, el electorado se va a desmotivar mucho.

Hubo una campaña muy bonita que hicimos en un país próximo a Colombia. Las encuestas eran muy bajas y no teníamos credibilidad ni plata, así que nos inventamos algo muy simpático llamado las “encuestas de carne y hueso”. Salimos a la calle en forma masiva y organizamos actos de campaña, mítines -que por cierto no son muy típicos de estas latitudes-, y logramos meter a 450.000 personas en una plaza. A eso llamábamos las encuestas de carne y hueso. Debo decir que perdimos las elecciones, pero gracias a este método pudimos demostrar que éramos los terceros, y no los últimos.

 

- Independientemente del candidato, ¿qué tanto importa el clima de opinión o la coyuntura, y cómo se evalúa eso antes de iniciar la campaña?

La coyuntura es básica en una campaña electoral. Cuando tú te planteas una campaña, hay tres puntos básicos: el candidato, el proyecto político y la coyuntura. Todo tiene que casar. Si la coyuntura exige un personaje de fuerza, pues el candidato tiene que mostrar esa fortaleza. El proyecto tiene que ser muy sólido y mostrar cierta fuerza. Eso pasó aquí hace no mucho. Lo importante es casar bien esos tres elementos.

 

- En la asesoría a los candidatos, ¿sólo se atiende la campaña o hay un seguimiento de campaña como en el caso del presidente Uribe que se encuentra en campaña permanente? ¿Desde las oficinas de asesoría se evalúa el impacto que pueden tener estas campañas permanentes en detrimento de algunas instituciones?

Primero que todo, quiero aclarar que yo fui asesor de Álvaro Uribe durante su campaña electoral, pero no soy asesor suyo en la actualidad. De hecho yo no participo nunca en los gobiernos, porque no me gusta. No me gusta porque me considero incapaz de administrarme a mí mismo, como para administrar otras instituciones (salvo en situaciones de crisis).

Con respecto a la pregunta, sí digo que un gobierno se debe manejar desde el punto de vista de la comunicación, como si estuviera en campaña permanente. Cuando hay reelecciones, evidentemente de alguna manera estás en campaña electoral. Eso es algo natural de lo que no nos debemos asustar. Hay muchas administraciones que pretenden anular el sistema de reelección. Yo no creo en eso, porque si se busca generar condiciones iguales para todos los candidatos, se termina haciendo una política de “parcheo”. Sin particularizar en el caso colombiano, yo creo en la reelección por principio, por una razón muy simple: porque en cualquier país de tamaño considerable en el que quieras hacer un proyecto de infraestructuras, se necesitan períodos de tiempo de 8 a 10 años. ¿Quién va a querer proyectar algo a 8 años si sólo va a servir políticamente 4?

Si el dirigente confiara en que su sucesor va a seguir con el proyecto, a lo mejor éste no cree en el proyecto y no le hace seguimiento. Por eso creo en las reelecciones, porque generan verdaderos cambios estructurales en los países. Respeto las legislaciones, pero no estoy de acuerdo con la prohibición de que un presidente sea candidato. Efectivamente si un presidente ha hecho las cosas bien tendrá ventaja, elemento que de hecho mejorará las oposiciones (el candidato opositor a un candidato presidente tendrá que superar su proyecto político).

 

- ¿Qué tanto se explota la vida privada de los candidatos en las campañas con el fin de obtener votos? Ya que usted conoce cómo funciona Uribe dentro de las campañas, ¿considera que está en campaña actualmente?

Silencio… risas….) No voy a responder a la pregunta de Uribe. Es muy probable que ya te haya contestado con lo que he dicho antes. Respecto a la primera pregunta, debo decir con cierta pena que un candidato no tiene vida privada, más allá de lo que es estrictamente de intimidad personal. La vida personal de los presidentes al final se convierte en la vida pública. ¿Te imaginas tener a un presidente que pega a su esposa? Un presidente que pega a su esposa tiene todos los visos de ser un mal presidente, porque en un principio es mala persona.

La razón por la cual el público busca algo en la personalidad de esos candidatos es porque busca un referente para poder votar. Parece que los referentes ideológicos se han desdibujado -ya no hay derechas e izquierdas muy claramente definidas- y los votantes buscan referentes en los rasgos personales de los candidatos.

 

Artículos Anteriores: